De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

correciones

upps... CorreCCiones

Según una leyenda urbana, en una plática entre Jorge Luis Borges y Alfonso Reyes, ambos coincidieron en que su razón para publicar era... dejar de corregir sus manuscritos.

Y no importa si esa conversación no se dio, "se non è vero, è ben trovato". He aquí dos pruebas de cómo trabajan sus textos los grandes:


BORGES, Jorge Luis: Siete noches. Tierra Firme, FCE. México. 1982. p. 76


José Emilio Pacheco, Tomado del diario La Jornada. Cd. de México. 18 de noviembre del 2009.

jueves, 26 de noviembre de 2009

reloj público
pasan los colegiales
apresurados




miércoles, 25 de noviembre de 2009

Esto es álgebra

SIn palabras









lunes, 23 de noviembre de 2009

Poema

El Rincón se sigue vistiendo de gala al recibir colaboraciones verdaderamente valiosas en su sección "Escritores invitados".
Hoy les propongo un P a n F r e s c o

martes, 17 de noviembre de 2009

haiku no ortodoxo

El Rincón Amansalocos ha recibido nuevamente un regalo de una escritora amiga

Arroyo

Cantos rodados
Murmullo en piedras
Brilla el agua

©-Derechos Reservados. ® 7 de Marzo del 2009

Arroyo de montaña
Entre León y Asturias

Óleo sobre tabla 80 x 30.6 cm
Manuel Sosa © 1996
tomado de:
http://manuelsosa.com/Paisajes/source/arroyo_largo.php

lunes, 16 de noviembre de 2009

ÍMPRIMASE

y hágase válido

sábado, 14 de noviembre de 2009

¡Chin!

¡Chin! *
Víctor Jiménez

Tomado de JIMÉNEZ, Víctor:
El pozo
Ed. Fridaura. México. 1995. p. 49.

Nervioso, pensando en la aceptación del público, espera la señal que le indicará el momento de iniciar su actuación.

Por fin la luz esperada lo conduce al escenario. Rápidamente inicia su acto de malabarismo, con su mirada recorre las pelotas que hábilmente juegan entre sus manos alegremente. Los ojos brincoteando de aquí para allá, unidos a su carita pintada de payaso provocan risas en algunos. Tal vez en parte su nerviosismo se debe a su corta edad y a la poca experiencia que tiene. El tiempo apremia así que se dirige al público esperando su aprobación. Al fondo del escenario unas manos le hacen señas, él intenta llegar, pero no puede. --¡Chin! --piensa-- Otra vez no calculé bien el tiempo.

La luz ha cambiado y los autos reinician su veloz carrera.


* El pozo, recopilación de cuentos breves de Víctor Jímenez, "cuenta historias que afloran en la calle, decires que emergen desde su propia profundidad para alcanzar a ras del pavimento la queja, la denuncia, la impotencia ante lo injusto de un sistema que nos va minando a todos".

viernes, 13 de noviembre de 2009

Comodidad

patio mojado
las perras buscaron
el cuadro de sol





Como he tenido un día difícil...

les comparto este video para que se diviertan un poco.


miércoles, 11 de noviembre de 2009

Serpientes y escaleras

Nota introductoria:
Nuevamente falto a mi propósito de no refritearme.
Pero tengo dos motivos: Este es el primer texto que subí a la red, hace más de seis años, y le tengo algún aprecio.
Y el otro, que me temo que la página donde está, Predicado.com, algún tiempo un excelente lugar de reunión de escritores y que ahora sufre de una lamentable decadencia, cierre sin previo aviso.


Obsesivamente recordaba ese sueño.


Se veía mientras bajaba y bajaba atravesando pisos idénticos, alfombrados de rojo, paredes blancas relucientes y cuatro puertas de madera, cerradas y blancas. Un cubo central de escaleras, apenas un pasillo que conectaba cuartetos de puertas desnudas de rótulos. Los techos radiaban una luz brillante y fría iluminando paredes ciegas, sin ventanas, que enmarcaban pares de puertas a izquierda y derecha.
En uno de los descansos un esquema revelaba un tiro vertical como el de una mina, siempre en descenso y a él, sin esperanza de sosiego, ubicado apenas en el arranque. En
tonces despertó.

Siempre estuvo convencido de que esos picaportes redondos y oscuros no requerían de llaves. Si hubiera franqueado alguno de los vanos, quizá lo aguardaba el acceso a un camino donde encontraría su canción y su respuesta. En momentos turbulentos deseaba volver a esas puertas y escapar. Debía calcar el sueño original, reviviendo con fidelidad aquel mundo onírico. Pero presintió que esa misma fidelidad en los detalles lo exponía a despertar al día que tuvo el sueño. A cambio de una salida, se vería forzado a repetir décadas enteras de su vida.

Esa posibilidad, al principio indeseada, se volvió cada vez más atractiva. Valdría la pena revivir el tedio y los deberes escolares sin sentido si conservaba todos los recuerdos. Y también las experiencias. Y también conocimientos y habilidades, sus deseos...
Si no se olvidaba de sí mismo, si lograba encarnar el yo presente en su propio pasado, renacería capacitado para evitar errores, sabiendo qué debía callar o lo que debería decirse, prevenido sobre acciones y omisiones.


Se percató que resoñando adecuadamente podría transportarse a un cualquier momento de su propio pasado, usando sus propios sueños-recuerdos como vínculos a través del tiempo. Secretamente inventó rituales, y tras varios años de combinar fases lunares con fechas exactas y días de la semana, inesperadamente una noche el olor a lluvia le acarreo el recuerdo de un sueño feliz. Y despertó reencarnado en un lejano ayer decidido a nunca revelar que había realizado ese viaje insólito, ni de cuándo provenía.

El principio fue arduo: era difícil decidir cuál era su cepillo de dientes o recrear los detalles de las rutinas cotidianas, y le desconcertaron la infinidad de obligaciones, compromisos y conversaciones que a cada día dan su sabor y de los cuales ahora estaba desconectado. Debía re-conocer su propia vida en todos sus elementos, a riesgo de volverse anacrónico.
Pronto advirtió que los conocimientos que había memorizado para aplicarlos con ventaja le resultaban apenas útiles, pues en cuanto tomaba una decisión que le imprimía nuevo rumbo a su futuro-pasado, con ella se desencadenaban un sin fin de cambios que, en efecto dominó, le hacían irreconocibles los caminos por los que iba enfrentándose.
Aun así, logró enfocarse sobre ciertas tendencias de su vida y la de algunos otros, interviniendo para impedir encuentros y evitar relaciones o actividades sin perspectiva.
A pesar de saber con antelación lo que necesariamente pasaría en el mundo, empezó a angustiarle ver que cada vez se le escapaba más el anhelado control sobre su vida.

Conforme los cambios que ocasionaban sus nuevas acciones crecían como una bola de nieve, también se incrementaba su ansiedad y la tristeza de haber renunciado a su vida inicial. Y entre mayor era su desesperación, incontroladamente comenzó a reencarnarse a otros momentos, a través de sueños pasados o futuros, de su vida antigua o de la nueva, sin orden, creándose más y más futuros cada vez más distintos, irreconocibles.

Entonces descubrió que estaba inmerso en un absurdo juego de serpientes y escaleras a través del tiempo, inerme ante las tiradas de unos dados que lo movían a su antojo adelante y atrás por un tablero cambiante tras cada jugada.
Y, demasiado tarde, supo que las puertas de su sueño habían sido una advertencia, en vez de una invitación. Cada puerta era un sueño-vínculo que no debía abrirse. Cada piso era un futuro alternativo que era preciso evitar. Pero ya era tarde, ahora sólo le quedaba descender más y más por aquel socavón interminable.

martes, 10 de noviembre de 2009

Desamparo

Anoche la vi
no regr
esó al panal
¿la extrañarán hoy?


jueves, 29 de octubre de 2009

insomnio

Noche en blanco
el tic tac del reloj
arrulla la nada

lunes, 19 de octubre de 2009

Hasta parecen viejitos ...

... nos decía mamá asombrada de que a los revoltosos y rockeros de sus hijos les gustara la música de tríos y la de las grandes bandas...

miércoles, 14 de octubre de 2009

Nombres


Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es el arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'nilo'.

Jorge Luis Borges, "El gólem"




¿Por qué no habrá una palabra para designar cuando prejuzgamos a la gente por causa de su nombre de pila? Casi (nótese el "casi") todas las Claudias que conozco son frívolas. Así que cada nueva Claudia llega ya con una etiqueta que puede ser injusta, heredada por todas sus tocayas frívolas que la antecedieron.

El nombre propio es poderoso talismán que puede abrir o cerrar muchas puertas. No son pocas las culturas alrededor del mundo en las cuales se ocultan los nombres verdaderos, pues se cree que si alguien lo descubre puede controlar mágicamente a su poseedor, pues hasta los dioses tienen el suyo, secreto y poderoso. Los cabalistas aún buscan el título escondido de Jehová y, según los árabes, los camellos tienen esa mirada tan orgullosa porque son los únicos que conocen el último apelativo de Alá, que le fue susurrado al oído a uno de ellos por el mismísimo profeta Mahoma al considerar que ningún hombre era digno de saberlo.

A mí no me gusta mi nombre, y sé de muchísimas personas que con gusto cambiarían el suyo. Hubiera preferido algo más común porque, para mi mala suerte, soy el único en la familia con uno solo, así que ni siquiera tengo la opción de decidir cuál usar. Y es que cuando a un nombre poco usual se le añade un apellido de por sí extraño (no somos más de cincuenta Arboleyda según el último conteo) y además con esa "y griega" que quién sabe de dónde salió y obliga a deletrearlo, los disgustos por que a cada rato lo rebautizan a uno están a la orden del día.

Una de las pláticas favoritas en las reuniones familiares es compartir las anécdotas de lo que pasamos cada que hacemos una compra o trámite. En alguna práctica de campo escolar me tocó, junto con una compañera guatemalteca de apellido Aycinena, efectuar el papeleo para hospedarnos en un hotel. Cuando preguntaron que quién se registraba, automáticamente di el nombre más común de quienes nos íbamos a alojar y ella exclamó "¡a vos te pasa lo mismo que a mí!", hasta con regocijo por encontrar un compañero de cuitas. Entendí de inmediato.

Con todos esos antecedentes, a la hora de escoger cómo bautizaríamos a mi hija(o) pasamos varias semanas antes del nacimiento para encontrar dos (de niño y niña) que satisficieran varios criterios: que no estuviera repetido en las dos familias, que no sonara feo, que no fuera extraño ni inventado, que no nos recordara a nadie indeseable, que no fuera uno de esos que ocasionan prejuicios, que no estuviera en una lista de vetados (nada de "Gladys" o "Nancy"), y de preferencia corto, bonito, y en el caso de los femeninos, que no terminara en "a" para evitar la repetición de sonidos con la inicial del apellido... además de que le sentara bien, o sea que "tuviera cara de llamarse así". Afortunadamente fue niña y le gusta su nombre (también la historia de cómo lo escogimos pero no que le digan "Chabelita"), pues el pobre Mario hubiera sufrido mucho cada que le dijeran "Mario Bros".

Si bien es poco lo que se puede hacer con el nombre que nos impusieron nuestros padres, el seudónimo (me sigo resistiendo a llamarles nicks) que escogemos para navegar en la Internet sí es nuestra responsabilidad. Hay quienes tienen un nombre de usuario para cada página en la que se registran, o tienen un seudónimo para cada "personalidad" distinta que exhiben.
Otros somos bastante consistentes al usar uno solo, aunque vayamos afinándolo de acuerdo a cómo se va recibiendo. El mío surgió de una palabra que inventó la hija cuando tenía ocho y dijo, textualmente, que "no tenía por qué someterse a las reglas de los apellidos" y formó uno nuevo mezclando las primeras sílabas del materno con la terminación del paterno... y pronto fuimos conocidos entre los amigos como "la familia Jimeneyda". La "s" final la puse porque me chocaba que frecuentemente pensaran que era mujer ... ¡aunque no falta quién aún me llama "linda"!

¿Y tú?, ¿cuál es la historia de tu seudónimo?

viernes, 9 de octubre de 2009

Mini cuento en letra pequeña

Era tan mezquino que sólo le gustaban los meses enero, mayo y octubre porque al anotar las fechas usaba un único número romano.