De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Nuevamente, promuevo la publicación más reciente de mi esposa, Elizabeth Jiménez. Las cinco cédulas de la cultura tolteca son de su autoría, además de ser coautora de la "Introducción a la sala tolteca" en Catálogo esencial del Museo Nacional de Antropología  Wiiiiiiii

Espero que nunca escriba algo que ocasione una crítica de éstas:


Los académicos suelen ser críticos feroces entre sí, aunque rara vez expresan con claridad lo que verdaderamente piensan del trabajo de los otros. Por eso me llamó la atención esta demoledora opinión sobre el autor responsable de la difusión sobre el asunto de las “profecías mayas” para el 2012:

«Nunca es un ejercicio placentero evidenciar los errores de las ideas de otras personas, pero cuando tales argumentos son presentados en el nombre de la “ciencia”, deben ser sometidos a escrutinio y evaluación cuidadosos. Aun cuando no puedo perdonar las conclusiones de semejante “investigación” tramposa, como condena profesional elegí a propósito no identificar los títulos de las publicaciones ofensivas de Jenkins, para que la publicidad resultante no contribuya a incrementar sus ganancias. Me doy cuenta, desde luego, que él no es el primero ni el último que ha buscado beneficio a costa de la “ciencia ficción”. Sin embargo, lo que encuentro reprobable, por no decir algo peor, es que una organización como el Institute of Maya Studies en Miami haya sido tan subvertido por sus necedades para que le hayan permitido publicar extensamente en su revista mensual con el fin de promover su libro […]»

Malmstrom, Vicent H.
“13.0.0.0.0: una fecha maya carente de significado astronómico”,
en Arqueología No. 30, México, INAH, mayo-agosto del 2003, p. 148.

martes, 29 de noviembre de 2011

Narran un cuento
en la pintura fresca.
Huellas de perro.




sábado, 26 de noviembre de 2011



Tiemblan los dientes.
Entre las limas dulces
salió una agria.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Pasan los años.
Un autorretrato a lápiz
se desdibuja.

lunes, 14 de noviembre de 2011


Buscando ratón
mis perras se envuelven
de telarañas.

lunes, 7 de noviembre de 2011

"Triste vida", literatura neorrealista china




«[…] Agachado, con la fiambrera entre sus manos, Yin engullía su ración de comida del mismo modo que el resto. No tenía intención de amargarse la vida a causa del tema de las primas. Cuando ya se había comido la mitad de la ración, se detuvo un instante: un gusano verde y gordo acababa de aparecer entre las hojas de col. Le entraron unas arcadas terribles. Al ver el gusano se le había revuelto el estómago. ¡Realmente, ése no era uno de sus mejores días! ¡Ya no podía más! ¡Sus fuerzas y su paciencia se estaban agotando!

»Colocó el gusano de manera que quedase bien visible y se dirigió hacia el comedor que había detrás de la cocina. El gerente de la cantina se disponía a servir la comida a los invitados. La mitad de los invitados eran chinos, y la otra mitad, japoneses. Yin le pidió al gerente que saliese un momento y le invitó a probar la col que había preparado uno de sus cocineros. El gerente se acercó, miró impasible el gusano, después miró a Yin de los pies a la cabeza, llamó a un cocinero y le dijo:
--Dale otra ración!
»Estaba claro que el gerente quería deshacerse del hombre que había venido a pedir una nueva ración y después de haberle dado la orden al cocinero, se escabulló hacia el pequeño comedor. El joven cocinero no había entendido ni una sola palabra de lo que había dicho el gerente. Le lanzó a Yin una mirada burlona, se encogió de hombros y le dijo en inglés:
--Hello!
Yin se había dirigido educadamente al gerente delante de los invitados japoneses porque consideraba que la ropa sucia debe lavarse en casa, pero la actitud de los dos hombres le pareció inaceptable y quería darles una lección. Volvió a entrar en el pequeño comedor, cogió al gerente por el brazo, lo condujo a un rincón de la sala y vertió el contenido del cuenco en el bolsillo de su delantal blanco.»


Chi li: Triste vida,
Barcelona, Ed. Belacqva (La otra orilla), 2007,
pp. 50-52.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Contra el viento
a media calle vuela
la mariposa.

¡Soy un pintor!
Entrevero colores
en la ensalada.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Atención, atención...

Lean en el nuevo número de Arqueología Mexicana (112) el artículo "Paquetes sagrados" escrito por mi esposa wiiiii! 

http://www.arqueomex.com/S2N3nPaquetes112.html

miércoles, 12 de octubre de 2011

Una fantasía colectiva



Al igual que los flejes de acero sostiene la oscuridad en un barril, así la realidad rompía sin misericordia el azul con un eco doloroso, y clavaba una grieta tras otra en la bóveda celeste, construyendo un Vacío cada vez más grande, más ancho y más profundo. Si un recipiente colmado de oscuridad no se llena con algo, seguramente se rompe y entonces no hay estopa que pueda detener el derramamiento de la negrura. Por eso, en los barriles siempre hay que poner algo como medida de protección. Aún hoy en día, los vinicultores de la región de Mosela, después de vaciar un barril, suelen poner en él una baya grande de uva u otra cosa, para que la oscuridad no se imponga hasta la nueva vendimia. Como nosotros teníamos más fantasía que otras cosas, decidimos afrontar el Vacío con lo único que no nos escaseaba.

‒¿Con la fantasía? –pregunta Esther‒. ¿Qué es una fantasía?, ¿lo mismo que una ilusión?
‒No precisamente, la fantasía es algo que existe, pero a muchos les parece que no. Con la ilusión ocurre lo contrario, es aquello que no existe, pero muchos creen que sí …

"Una fantasía colectiva",
en Goran, Petrovic: Atlas descrito por el cielo,  
México, Sexto Piso, 2009, p. 216.

martes, 4 de octubre de 2011

 Agua y espuma.
Los hijos del vecino
bañan al perro.


martes, 27 de septiembre de 2011

Llego a casa.
Las perras olfatean
mis pantorrillas.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Explorando otras letras...

Últimamente han caído en mis manos algunos libros de escritores provenientes de países a los que uno normalmente no se acerca tanto como se debiera.
Comentaba más abajo algo sobre el japonés Yasanuri Kawabata, cuyo cuento "Sin palabras" (http://literaturajulilizkno.blogspot.com/2011/02/sin-palabras-yasunari-kawabata.html) me cautivó tanto que hasta he pensado en escribir un guión para teatro... experiencia que sería completamente nueva para mí, pero en verdad que esos cuentos merecen mucha más difusión.

Ahora estoy leyendo "Atlas descrito por el cielo", del serbio Goran Petrovic. Fantasía pura plasmada en una cautivante narrativa poetica, que logra involucrar a los lectores en una atmósfera tan mágica que no faltan ganas de tomar las maletas y mudarse a vivir con los personajes.
De los múltiples párrafos excelentemente bien logrados, transcribo uno que, aunque pequeño, transmite muy bien el espíritu de toda la obra:

"Al igual que la serpiente se libera de su piel, se renueva en el hombre la epidermis del alma, por lo cual éste se vuelve, por un tiempo, muy vulnerable, impotente para defenderse de cualquier emoción fuerte, permitiendo que dichas emociones lo invadan por completo."

Petrovic, Goran. "Atlas descrito por el cielo", México, 2008, Sexto Piso, p. 87

jueves, 8 de septiembre de 2011

Dos tercetitos...

con pretenciones de haiku...


Pido disculpas
a las hojas marchitas
de la lechuga.

¡Cuántos recuerdos!
Escogiendo naranjas
en el mercado.

martes, 6 de septiembre de 2011

Otra gotita...

... extraída del tintero de los clásicos:

‒Cuando veo flotando esos punticos infinitos… [Las manchitas que se ven flotando en el ojo cuando uno voltea hacia un espacio vacío] ‒volvió a repetir Uryu‒ me parece que son mi propia existencia, el mundo de mi propio corazón. Mis pecados y mi vergüenza se convierten en una nube gris de polvo que llena el espacio vacío…
‒¡Uhm! ‒ musité. Y durante un rato no hice ningún comentario.*


(Acabo de descubrir por casualidad a este autor japonés,
Premio Nobel de Literatura en 1968.
Estoy fascinado.)


* “Con naturalidad” en Kawabata Yasanuri, Primera nieve en el monte Fuji, Norma-Verticales de bolsillo, Bogotá, 1998, p. 63.