Sydney, Australia:
El misterio de los círculos que aparecían en los campos de amapolas del sur de la isla australiana de Tasmania fue resuelto: son canguros drogados que se comen las flores de amapola y corren en círculos. Tenemos un problema con los canguros que entran en los campos de amapola, quedan drogados y corren en círculos
, explicó el jueves la principal legisladora del estado, Lara Giddings. Después se quedan dormidos
, añadió. Mucha gente cree que los círculos que aparecen misteriosamente en cosechas de diferentes partes del mundo están creados por alienígenas. La productora de amapola Tasmanian Alkaloids señaló que se sabe que los animales que comen amapolas, como ciervos y ovejas de las tierras altas de la isla, actúan raro
. Rick Rockliff, jefe de operaciones de campo, dijo: Ha habido muchas historias sobre ovejas que han comido algo de amapolas después de la cosecha y todas caminan en círculos
. Australia produce alrededor de 50 por ciento de la materia prima para fabricar morfina y otros opiáceos.
Secciones amansalocos
De "El canto del pájaro", Anthony de Mello
El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:
«No haces más que ocultarme
el secreto último del Zen».
Y se resistía a creer sus negativas.
Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.
«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.
«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».
«Sí», asintió el discípulo.
viernes, 26 de junio de 2009
Nota curiosa
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miércoles, 24 de junio de 2009
Canasta de juguetes
El domingo fui al mercado y me encontré esta escena ya en vías de extinción...
Espero que la foto tomada con celular refleje cuánta nostalgia puede caber en una sola canasta.
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martes, 23 de junio de 2009
Adivinanza
¿Qué es lo que se repite una vez cada minuto, dos veces en cada momento, y nunca en un siglo?
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lunes, 22 de junio de 2009
estado de ánimo
o pueden deprimirme
o me dan hambre
¿de qué color es el hambre?
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jueves, 18 de junio de 2009
mi pequeña familia...
En casa formamos una pequeña familia de tres humanos y tres orejudas, que ya conocieron en Escena familiar.
Les presento a mi esposa e hija:
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lunes, 15 de junio de 2009
Desafío de frases
Acepto el desafío que desde Los hijos de Aesir lanzó Ángela Arias, consistente en
1) Coge el libro que tengas más cerca.
3) Busca la 5ta frase (completa)
4) Cita la frase en el blog
5) Pásalo a otros cinco blogs.
y confieso con pena que hice un poco de trampa, porque el libro más cercano era un catálogo de productos, así que lo cambié por el libro que tengo en lectura.
La frase es:
me temo que así, aislada de su contexto, no diga nada. Sería difícil transmitir la sensación de urgencia y miedo que ya en este punto acarrea el lector por las mil y un penurias por las que ha pasado el protagonista, Ged, en su enfrentamiento con la "sombra" que liberó cuando era joven y por vanidad demostró su poder mágico ejecutando un ritual para invocar a los muertos...
Hubiera preferido que me hubieran pedido tomar la frase de la página 165:
Aprovecho la ocasión para recomendar ampliamente este libro y todos los de su autora, Úrsula K. Le Guin, escritora norteamericana galardonada con los premios más reconocidos a la literatura fantástica y de ciencia ficción, aunque su obra incluya poesía (con algunos poemas escritos en español) y novela histórica.
Y mientras logro deshacer el merengue de códigos HTML que armé y logro darle una presentación decente a esta entrada, iré pensando los cinco blogs a los que lanzaré el desafío.
** ibid. p. 165
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jueves, 21 de mayo de 2009
Crianza
y un colibrí sigue
con su faena
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domingo, 17 de mayo de 2009
"Entre Güeyes no hay Cornadas" *
(o la versión decente del mismo refrán: “Entre gitanos no se dicen la buena ventura”)
Definitivamente, los mexicanos no tenemos remedio. Con todo el dolor de mi corazón empiezo a pensar que de veras nos merecemos los gobiernos que tenemos; en el mapa genómico de la población nacional debieron detectar algún sector que nos hace ser tan agachones, tan borregos y al mismo tiempo tan ilusos.
¿Pues que otra lectura si no ésta se le puede dar a que en una semana coincidan dos escándalos políticos mayúsculos y no haya pasado --y no habrá de pasar-- nada? Tanto el libro de Carlos Ahumada como la entrevista que le hizo Carmen Aristegui al ex presidente De la Madrid en realidad no dijeron nada que cualquier mexicano en uso de razón no sepa desde la cuna: la tremenda corrupción e impunidad que permean todos los ámbitos de la vida política, empresarial, sindical y tantos etcéteras como se guste nombrar.
Lo único que queda es el espectáculo morboso de ver como los protagonistas de los cada vez más frecuentes casos de corrupción “se dicen sus verdades” y terminan embarrados de podredumbre… y volver a constatar que nadie pisará la cárcel o mínimamente quedará tan desprestigiado para caer en el ostracismo, antes de que el próximo espectáculo mediático vuelva a ponernos en el ánimo de ver que dos privilegiados “se agarren bonito”.
Tan es cierto que esta conducta debe estar muy adentro de la memoria genética nacional, que abundan ejemplos en la literatura. Transcribo uno de ellos, tomado de Tropa vieja,** de Francisco L. Urquizo, obra en la que la primera etapa de la Revolución Mexicana, desde antes de sus inicios en 1910, hasta la Decena Trágica, en febrero de 1913, es narrada por un soldado federal.
“… siempre era lo mismo, siempre había sido así y así seguiría siendo quién sabe hasta cuándo. Desde del tiempo de Santa Anna, me decían, había habido siempre leva y golpes y malas pasadas. El recluta sufría cuando llegaba y seguía sufriendo cuando era soldado hasta que lograba ascender a cabo; allí comenzaba a desquitarse, con los de abajo, de los golpes que antes recibió, aporreando a los nuevos o a los antiguos compañeros. De sargento era peor; más se le subía y más duro era; si llegaba a oficial, era como si hubiera llegado hasta la gloria.
…
“Muchos que parecían tener un rencor muy hondo, decían en sus malos ratos:
“--cuando yo llegue a ascender a cabo, qué gusto me voy a dar agarrándome a golpes con el cabo López. ***
“Y ascendían, llegaban a ponerse en las mangas la cinta colorada: todos los que seguían de soldados creían que iban a tener la ocasión de ver un pleito bueno y de gozar viendo cómo el compañero ascendido iba a desquitarse con el cabo López, y nada; de allí para adelante eran ya muy diferentes de cuando eran soldados rasos. Lo mismo eran los sargentos y los oficiales. Una escalera en la que el de más arriba pisaba al de más abajo.”
* Otra variante aún más vulgar es “Perro no come Perro”. A mis lectores les consta que he evitado entrar en temas políticos y controversiales en este blog. Eso no quiere decir que yo sea apolítico, simplemente que no he considerado que éste sea el mejor lugar para dirimir estos temas.
** URQUIZO, Francisco L., general: Tropa vieja. Populibros La Prensa 1. Editora de Periódicos S. L. C., México, 1992. pag. 49.
*** Tener que esperar a tener el mismo rango para intentar una venganza era para evitar el cargo de insubordinación, férreamente castigado por código militar al que estaban sujetos: “Todo militar que se exprese mal de su superior, en cualquier forma, será castigado severamente”. “ Cometen el delito de insubordinación, el militar o asimilado que con palabras, ademanes, gestos o señas, falte al respeto y sujeción debidas a un superior en categoría o mando que porte sus insignias o a quien conozca o deba conocer… pena de muerte, … veinte años de prisión…” [Ibídem, pp. 51-52]
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lunes, 11 de mayo de 2009
Premio: "Siete cosas raras sobre mí"
Ángela Arias, de Los hijos de Aesir me ha distinguido nuevamente con un premio: Siete cosas raras sobre mí.
Al principio dudé en aceptarlo: seleccionar solo siete cosas raras de mi personalidad me pareció difícil. Pensándolo mejor, decidí dejar de lado las excentricidades "históricas" (aquellas cosas que hacía de niño o adolescente) ni las derivadas de la edad (el Alzheimer se manifiesta de modos extraños, jeje).
Aceptar el premio implica:
1. Mencionar a quien lo otorga: Ángela Arias, quien nuevamente tiene una gentileza para este blogcito.
2. Mencionar Siete cosas raras sobre mí:
1. Frecuentemente confundo izquierda con derecha (pero no en el ámbito político, eh, ahí sí está claro). Tanto, que debo pensar concientemente cuál es cada lado.
2. Soy completamente omnívoro, lo cual quiere decir que no le hago el feo a nada, cocinado o crudo, ya sea insecto, reptil, etc... con una sola excepción: los espárragos, que no hay poder humano que me haga probarlos.
3. Para dormir uso un protector dental porque rechino los dientes en la noche.
4. Prácticamente no padezco de ninguna superstición (porque eso de ser supersticioso da mala suerte). Quizá sólo tenga una, evitar decir "lo último" y cambiarlo siempre por "lo más reciente".
5. A excepción de la gente de un círculo muy cercano, ¡detesto que me toquen!, pocas cosas me desagradan tanto como la gente que por querer hacerse la simpática lo palmean a uno en los hombros o la espalda, y más si es un vendedor quien lo hace.
6. Debo haber sido sargento en mi vida inmediata anterior, porque si hay algo que me ponga irracionalmente de mal humor es esperar en una fila mal formada, y peor si el que está detrás de mí se para casi a mi lado.
7. Debo ser la persona con peor suerte para las rifas, los sorteos, la lotería y los juegos de azar.
La tercera condición, entregar el premio a otros siete blogs, la dejo en espera.... los que se me ocurren ya han sido galardonados!
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viernes, 17 de abril de 2009
Una leyenda de terror
Pasé varios años de mi infancia en Torreón, una ciudad del norte de México.
En aquel tiempo, había muchísimas casas en construcción, que nosotros aprovechábamos como patio de juegos: los cimientos eran trincheras, escondites los montones de grava y arena, etc.
Un velador trabajaba en esas obras, hombre ya viejo que afirmaba haber sido mayor en la División del Norte con la que peleó en muchas batallas de la Revolución Mexicana de 1910 bajo las órdenes de Pancho Villa. Le gustaba rodearse de niños para contarles historias de las batallas en las que participó (aunque frecuentemente cambiaba la narración y se iba convirtiendo en un protagonista cada vez más importante de tales hechos bélicos). Sus favoritas eran la Toma de Zacatecas y las batallas en el mismo Torreón, de las cuales siempre enfatizaba las matanzas de chinos y la historia de una vieja casona embrujada, que según él había quedado maldita después de una batalla por lo que allí había pasado.
Y a veces, contaba leyendas y cuentos. Imagine el lector que tiene ocho años de edad, y una noche está frente a una fogata escuchando una voz cascada recitando historias de terror...
Ésta es una leyenda del norte de México.
p.d. favor de bajar el volumen de las bocinas... es la primera grabación que me hago y quedó defectuosa.
"No van al baile. Está muy cerrada la noche y algo les puede pasar en el camino".
Enojadas, sus dos hijas decidieron matarla, "al fin que vivimos tan lejos que nadie se dará cuenta", intrigaron las malvadas. Tras consumar su crimen, quedaron hambrientas, pero ya no había quién les cocinara. "Guisémosla, sirve de que nos ahorramos el trabajo de enterrarla", propuso la mayor: "hagamos pozole de oreja".
(Como todo el mundo sabe, el pozole más sabroso es el "pozole de oreja", al que se añaden orejas de puerco rebanadas para darle un sabor especial).
Tan horrendo fue el crimen, que cuando recorrían las veredas para llegar al pueblo, la tierra se abrió tragando sus cuerpos hasta el cuello. Su castigo: mientras no reciban el perdón materno, de día sus cabezas se convierten en piedras, pero por las noches se les permite retornar a la vida para suplicarle al ánima en pena de su madre, que aún camina las veredas preocupada porque no encuentra a sus hijas en casa.
Ellas ruegan implorando su perdón cuando pasa cerca. Y cada noche no las puede oír, porque no tiene orejas, ellas se las comieron...
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11:26 a.m.
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jueves, 16 de abril de 2009
Escena familiar
Éstas tres, Alfa y Zaina (las dos negras) y Greta (la color miel) son las herederas de una larga dinastía de cockers que han pasado por nuestro hogar.
Y ésta es una escena cotidiana.
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miércoles, 1 de abril de 2009
Balance parcial
escaneo mi vida:
¡Números negros!
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martes, 31 de marzo de 2009
Manías de escritor
"No fue un escritor prolífico. Su promedio diario era de tres páginas. A veces, si un libro parecía escribirse a sí mismo, escribía seis o siete páginas diarias, pero eso era algo excepcional.
"Fred caminaba de una habitación a otra cuando urdía el argumento. Puesto que los dos estábamos en casa buena parte del tiempo, tuvimos el problema de que yo le hablaba mientras caminaba, y así interrumpía el hilo de sus pensamientos. No le gustaba. Después de probar varias soluciones que no dieron resultado, le aconsejé que se pusiera su gorra de algodón rojo cuando no quisiera ser molestado. Poco después, le miraba automáticamente la cabeza antes de abrir la boca.
"Después de terminar un libro, generalmente hacíamos un viaje y el tiempo de nuestra estancia dependía de nuestras circunstancias.
"Llegaba un momento en que Fred se atascaba cuando imaginaba un argumento. A pesar de sus caminatas, no llegaba a ningún sitio. Recuerdo que cuando escribía uno de sus primeros libros le ocurrió algo semejante y pensó que tal vez un viaje, por la noche y en autobús, podría ayudarle. No era persona que se acostara temprano y pensó que después de que apagaran las luces del autobús y todo estuviera en silencio, quizá podría concentrarse mejor. Se llevó un lápiz linterna y un bloc. Estuvo fuera unos días y cuando regresó, había resuelto el argumento.
"Hizo muchos más viajes de ese tipo. Y yo siempre adivinaba cuándo estaba a punto de declarar que se iba. No siempre había resuelto el argumento cuando volvía a casa pero, en tal caso, había resuelto el argumento para su libro siguiente.
"La gran decisión de la carrera de Fred fue dejar su trabajo de corrección de pruebas para dedicarse totalmente a escribir. Pero su momento más feliz y estimulante fue cuando ganó el Premio Edgar Allan Poe para Escritores de Obras de Misterio de Estados Unidos por el mejor libro de misterio, con su The Fabulous Clipjoint; nunca volvió a sentir lo mismo por ninguna de las obras que escribió desde entonces. Fue su nacimiento como novelista. Es natural que algunos de sus libros le gustaran más que otros, pero The Fabulous Clipjoint fue el primogénito y siempre tuvo debilidad por él.
"Hasta que tuvo varias obras publicadas, siguió escribiendo cuentos entre una y otra a fin de tener un soporte en el que apoyarse durante el tiempo que llevaba escribir un libro. Más tarde escribía un cuento o un corto bosquejo literario sólo cuando tenía uno que sabía debía escribir.
"Durante muchos años había deseado escribir The Office, pero sería un nuevo campo para él pues se trataría de una novela pura. Sabía que sus obras de misterio y ciencia ficción se vendían, pero ignoraba qué ocurriría con una novela pura de alguien nuevo en ese campo. Todavía no podía permitirse el lujo de escribir una obra que tal vez no se vendiera. Pero finalmente la escribió. Y se vendió.
"Durante un tiempo intentó escribir para la televisión, pero llegó a la conclusión de que no era para él y volvió a escribir libros. Ha publicado algunos cientos de cuentos y veintiocho novelas; ésta es su octava colección. Aunque todas las obras de Fred me han gustado, mi preferida de siempre es The Screaming Mimi. Otras que me agradan especialmente son Here Comes a Candie, The Lenient Beast, The Far Cry, His Name Was Death y Night of the Jabberwock.
"No soy realmente admiradora de la ciencia ficción porque, en mi opinión, la mayoría de las novelas de ciencia ficción son demasiado técnicas. Pero las de Fred me resultaron muy amenas. En este grupo, mis preferidas son The Lights in the Sky Are Stars y The Mind Thing. What Mad Universe es casi un clásico y una de mis favoritas.
"Para mí, sus colecciones son deliciosas. Siento especial afecto por ésta porque se trata de su último trabajo concluido. Y como es su despedida de los lectores, espero que también les guste."
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viernes, 27 de marzo de 2009
Fantaseando; necesito $ 10,000 usd
se reciben donativos
Si hay algo para lo que me considero competente es para editar libros: ese proceso que va desde perseguir al autor para que entregue su manuscrito, revisarlo, trabajarlo con el autor, fijar criterios editoriales, prepararlo para captura, cotejar y revisar galeras, diseñar el volumen, elaboración del dummie de formación, del dummie de impresión, formación y revisión de formación, hasta el momento de entregarlo al impresor. Uno de mis últimos trabajos consistió en coordinar la publicación de una colección de libros de historia que se quedó en la fuente de los buenos deseos por un recorte presupuestal.
Incluso, tengo en mi haber un libro «limpiecito» al que, hasta donde sé, nadie ha encontrado un error. Y eso porque con los años desarrollé cierto sexto sentido que me avisaba que había que revisar una y otra vez algún párrafo hasta dar con una errata… claro que también cargo sobre mis hombros errores memorables, como un «ha» de «haber» sin «h»... en la segunda línea del primer párrafo del artículo principal de una revista.
(y antes de que alguien confronte lo anterior con mis textos tan deficientes y se pregunte si no estoy «blofeando», debo decir que no trato a mis textitos con el rigor que le daría a un material publicable, y es que, además, esto de ser escribidor es un fenómeno relativamente nuevo para mí. Puedo ser implacable como corrector de estilo y ortotipográfico, pero eso me condicionó a trabajar sobre textos que ya existían. La «hoja en blanco» representa un doble esfuerzo para mí. Y eso que a diario aprendo cosas nuevas, Internet permite la actualización de una manera inimaginable antes.)
Como todo en la vida, el haber llegado al mundo de las imprentas y las editoriales fue algo muy fortuito, y después de tantos años creo que ya puedo narrarlo. Resulta que ingresé, más por las pestañas de una camarada que por vocación, a una organización política semiclandestina que, entre sus principios, estaba el de ofrecer a la clase obrera la mejor calidad en la propaganda: en vez de los volantes mimeografiados y casi ilegibles que eran la norma en aquella época, se elaboraban materiales sumamente cuidados en todos sus aspectos: redacción, presentación e impresión.
Por tener una ortografía decente y cierta facilidad para esto de la escribidera fui rápidamente reclutado para trabajar directamente con el Comité Central, de modo que aprendí un mundo de cosas, desde la forma de poner los conceptos de «plusvalía» y «explotación» en términos que pudiera comprender un obrero promedio hasta entenderme con los impresores para que salieran a la luz los boletines, periódicos y libros que alimentaban las células y los círculos de estudio.
Era un momento interesante, la transición entre los procesos de impresión en caliente a los primeros procesos electrónicos. Las modernas máquinas IBM composer, con la increíble memoria de 8 kb, entraban al mundo de los linotipos, prensas planas y correctores viejitos capaces de darle santo y seña a cualquier académico en cuestiones del idioma, en esas imprentas ruidosas llenas olor a tinta y grasa manejadas por maestros prensistas que llevaban tinta en las venas, le echaban maicena a las máquinas cuando hacía falta y trabajan bajo el infaltable póster de encueradas junto a las mesas de luz donde los formadores se encargaban de revisar y retocar los negativos para el offset.
Aprendí con ellos el lenguaje tan peculiar y especializado: el ámbito de las viudas, huérfanos, callejones, escaleras, ríos, falsas, folios, corondeles, llamadas, colofones, cajas, textos a bando, textos en piña, filetes, plecas, topos, versalitas, bastardillas, camisas, etc.
La consecuencia de todo esto es que adquirí una capacitación completa que me sacó de más de un apuro económico, permitiéndome trabajar de capturista, corrector, y hasta editor de libros y revistas, casi siempre de difusión científica antropológica e histórica, con ocasionales incursiones en otros géneros, como, ay, revistas de crónicas sociales, jeje. Y también formé dos equipos de trabajo, bastante eficientes, por cierto.
Decía arriba que estaba a cargo de la edición de una ambiciosa colección de libros de historia legislativa. El primer volumen ya estaba listo, con todo y sus índices, cuando de un día para otro un cambio de gobierno y su consecuente recorte de los proyectos del anterior me dejó desempleado y desilusionado.
Ahora, tras años varios años dedicado a un negocito, me encuentro cada día añorando más aquellos tiempos, tanto que hasta estoy haciendo números serios para montar mi pequeña editorial y aprovechar las nuevas tecnologías.
Y, para redondear el sueño, pues ya tengo en mente cuál sería el primer título a publicar…
Se reciben donativos.
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jimeneydas
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martes, 24 de marzo de 2009
el sentido de la vida
segundo cuento semi zen
El Novato decidió buscar por cuenta propia la verdad sobre el sentido de la vida.
En Google tecleó «sentido de la vida». «La vida no tiene sentido, hay que dárselo», leyó en el primer resultado. Decidió que era una frase que convenía meditar.
Conmovido ante tanta ingenuidad, Dios le concedió un momento de Su Tiempo, del Tiempo de Dios.*
Esa noche, el Novato soñó que acompañaba a Dios en una cacería por el bosque. «¿Habrá algo más absurdo?» pensaba el Novato en su sueño, «¿que el Creador atentando contra su propia obra?, ¿para qué cazarlas, si todas las criaturas acudirían a su llamado? »
Y Dios, satisfecho de que el libre albedrío fuera vigente aún en el mundo onírico, concedió al Novato otra gracia: la de recordar, al despertar, que «una respuesta no tiene sentido, si la pregunta no está bien hecha».**
* el concepto el tiempo de Dios» está tomado del cuento Mohawk, de Howard Fast.
** La frase está tomada de “La mano izquierda de la oscuridad”, de Úrsula K. Le Guin.
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jimeneydas
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