« […] Repetimos que míster Barry Lyndon no es un héroe del tipo corriente. Pero observe el lector en derredor suyo y pregúntese: ¿No triunfan en la vida tantos sinvergüenzas como hombres honrados? ¿No prosperan más tontos que hombres de talento? ¿No será, pues, justo que el analista de la vida humana describa esta clase de vidas como se describen las proezas de cuentos de hadas, esos héroes perfectamente imposibles, que nuestros escritores se complacen en presentarnos? Hay algo de candidez y simplonería en este estilo novelesco tan de modo que pone al Príncipe Hombrebonito –al fin de sus aventuras– en posesión de todas las riquezas imaginables, como ya había sido dotado de todas las perfecciones espirituales y físicas. Los novelistas creen que no pueden hacer más por sus queridos héroes que convertirlos en lords. ¿No es eso un reflejo muy pobre del Summum bonum? El mayor bien de la vida no es ser un lord, quizá ni siquiera lo sea el ser feliz. La pobreza, una enfermedad o una joroba pueden ser recompensas del bien lo mismo que esa prosperidad y esas perfecciones corporales que todos adoramos inconscientemente. Pero ése es un tema propio para un ensayo, no para una nota. […]»
(nota al pie marcada como "nota del autor")
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