De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

miércoles, 11 de junio de 2008

Tenderos



cartel de del Consejo Anarquista de Aragón
(tomado de http://www.sbhac.net/Republica/Carteles/Artel/Artel.htm)


El siguiente texto refleja la situación en Madrid en 1937, durante el asedio franquista en plena Guerra Civil. Existe una versión musicalizada por Francisco "Paco" Curto, pero me fue imposible conseguir el nombre de su autor hasta que, maravillas de Internet, di con un sitio web "El bujero del raton" ( http://www.xn--elbujerodelratn-8rb.com/pageID_5906114.html ) , cuyo webmaster gentilmente se comunico con Curto para solucionar mi duda)

Tenderos
Antonio Agraz

Calle abajo va el reguero de la cola mañanera.
Viejas que ya no trabajan porque se hicieron muy viejas,
viejas que arrastran los años sobre zapatos sin suelas,
niñas tan chiquirritinas, tan menudas, tan pequeñas,
que parecen sarpullido que les sale a las aceras.
Mozas algunas, muy pocas, porque el taller las espera.


Guardias con fusil al hombro, recomendando paciencia
a las que chillan airadas cuando una niña se cuela.
Las agujas de un reloj apuntan las ocho y media.
Chirría el cierre metálico de la puerta de la tienda,
los guardias montan la guardia frente al quicio de la puerta.

Da una palmada el tendero, abre el cajón la tendera.
La cola va desgranando junto al mostrador sus cuentas.
El tiburón de la caja, por sus fauces de madera,
se traga voraz los cuartos, duro a duro, perra a perra.

Lo que ha costado dos reales, se vende a cuatro pesetas,
lo que tres duros valía, diez duros o doce cuesta.
Se marchan las compradoras sin cupro en la faltriquera
y unos gramos, muy poquitos, de cualquier cosa en la cesta.

Chirrían de nuevo los cierres metálicos de la puerta,
muralla de acero clavan entre la calle y la tienda.
Gozosos, cuentan los cuartos, producto de mala venta,
el pequeño comerciante y su mujer, la tendera.

Y mientras ayunan hijos del que lucha en las trincheras,
los dos tenderos suspiran......

!!! Que no se acabe la guerra !!!!.




cartel de Mauricio Amster
(tomado de http://www.sbhac.net/Republica/Carteles/Amster/Amster.htm)

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