De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

lunes, 16 de octubre de 2017

Auto de fe, Elias Canetti

« “No me queda más remedio”, dijo y se metió bajo un portón; echó un vistazo alrededor —nadie lo observaba— y sacó una libreta larga y angosta de su bolsillo. En la portada se leía, escrita en letras altas y angulosas, la palabra: E S T U P I D E C E S. Su mirada se detuvo un instante en el título. Luego pasó unas cuantas hojas: más de la mitad de la libreta estaba escrita. En ella iba anotando cuanto quería olvidar. Empezaba con la fecha, la hora y el lugar, al que seguía el incidente destinado a ilustrar la estupidez humana con un nuevo ejemplo. Una cita apropiada, siempre nueva, servía de conclusión. Nunca leía su colección de estupideces; una ojeada a la cubierta le bastaba. Pensaba editarla años más tarde […] »
Canetti, Elías: Auto de fe.

Barcelona, Plaza y Janés, 1982, p. 20.

jueves, 12 de octubre de 2017

Niño de brazos.
Su madre le señala
el arco iris

domingo, 17 de septiembre de 2017

Tarde nubosa
Un rostro en las nubes
cambia su gesto.

jueves, 7 de septiembre de 2017

baricco...

« Escribir, he escrito mucho. Pero escribir es una forma« Escribir, he escrito mucho. Pero escribir es una forma sofisticada de silencio. »

Alessandro Baricco

martes, 29 de agosto de 2017

Esta historia, Alessandro Baricco

« El conde D’Ambrosio metió la marcha, preguntándose qué habría, en ese niño, que no era normal. Se acordaba de él el día anterior, en medio de aquella lluvia, agachado sobre la bicicleta, bajo el rótulo de GARAGE: por mucho que pudiera parecer absurdo, en aquel pequeño paisaje sobre todo estaba él: todo lo demás quedaba un paso atrás. De repente le vino a la memoria dónde había visto ya algo parecido, y era precisamente en los cuadros que relatan las vidas de los santos. O de Cristo. Siempre estaban llenos de gente, y todos hacían cosas que incluso eran extrañas, pero el santo era a quien uno veía de inmediato, no había ni que buscarlo: el que entraba primero por los ojos era el santo. O Cristo. […] »

Baricco, Alessandro: Esta historia.

Barcelona, Anagrama, 2006. p. 43.

lunes, 28 de agosto de 2017

#haiku "dos mosquitos", ft. Grisly

Fe de erratas:

miércoles, 23 de agosto de 2017


Golpe de brisa.
La mariposa muerta
aún planea.

viernes, 18 de agosto de 2017

La salvación de una santa, Keigo Higashino

« Hiromi colocó un filtro de papel en la cafetera de goteo y luego echó café molido con la cuchara medidora. […]
–Al principio sólo hay que echar un poco de agua caliente. Muy poca. Y luego hay que esperar a que se hinche –explicó Hiromi. Vertió una pequeña cantidad de agua sobre el café con el hervidor, esperó unos veinte segundos y volvió a verter un poco más. – ¿Ves? Hay que echarla así , en círculos. El café sube enseguida, así que luego hay que ir añadiendo agua para que se mantenga arriba… »

Higashino, Keigo: La salvación de una santa.
Barcelona, Ediciones B. S . A., 2013, p. 23.


Novela policiaca:
Un rico empresario de Tokio muere un domingo cuando está solo en su casa.
Ha sido asesinado con una taza de café envenenado…

lunes, 12 de junio de 2017

Lavando trastes
la taza del café
aún está tibia.

martes, 6 de junio de 2017

Gesto adusto
y confetti en el pelo.
Vejez solitaria.

lunes, 5 de junio de 2017

Fin del secado.
Los flecos de dos prendas
enredados.

martes, 30 de mayo de 2017

Lluvia a destiempo.
Un caracol ahogado
en la cubeta.

lunes, 29 de mayo de 2017

de Oceáno mar, de A. Baricco

«Se volvió y lentamente regresó sobre sus pasos. […] Andaba, y sabía hacia donde andaba. Eso era todo. Sensación maravillosa. De cuando el destino finalmente se descubre, y se convierte en un sendero inteligible, y huella inequívoca, y dirección exacta. El tiempo interminable de la aproximación. Aquel acercamiento. Ojalá no acabar nunca. El gesto de entregase al destino. Ésa sí que es una es una emoción. Sin más dilemas, sin más mentiras. Saber dónde. Y alcanzarlo. Allá donde esté el destino.
                Caminaba – y era la cosa más hermosa que jamás había hecho. »


Baricco, Alessandro:
Océano mar. México, Anagrama, 1999. p. 142.

lunes, 15 de mayo de 2017

Aseo matutino.
El mango de la escoba
tibio de sol.

sábado, 13 de mayo de 2017

Luna menguante.
En el borde del balde
sombras difusas.