De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

jueves, 9 de febrero de 2017

Tibia humedad
tu aliento en mi pecho
cuando dices "sí"

miércoles, 8 de febrero de 2017

Las torres del olvido, George Turner



« [Billy] Estaba desafiando a Mamá para que reconociera que, en su aislamiento, ella no sabía nada. Entonces yo no había captado aún la utilidad de ignorar deliberadamente algo, de mantenerlo fuera del alcance de la mente o de contemplar los hechos bajo una luz especial que eliminase el salvajismo. Únicamente ahora, años después, puedo interpretar el discurso de Billy como una estrategia destinada a aleccionarnos antes de que la ignorancia nos perdiese. Entonces no podíamos concebir que todo aquello, viniendo de una especie de vigilante sucio y maloliente, estuviera precisamente inspirado por una forma de amor.»


Turner, George: Las torres del olvido.
Barcelona, 1987, Nova B de Bolsillo (Ciencia Ficción). p. 70.

jueves, 2 de febrero de 2017



Por el jabón
pasa la araña patona
sin resbalar.

¿intercambiarían la primera línea con la tercera?

lunes, 23 de enero de 2017

Elsa Morante: Araceli



« Y a partir de entonces empecé a aprender la exacta verdad del dicho corriente sobre los muertos: que van al Paraíso. El Paraíso es esa sustancia radiante, encantada, que con el tiempo crece alrededor de los muertos dejándolos para siempre incólumes y nutriéndolos con su esplendor. No está demostrado que este destino corresponda a todas los muertos, al contrario, tal vez a pocos. […]

                Verdaderamente, a lo mejor, los muertos quieren que su belleza crezca en el secreto, del mismo modo que en los paraísos de amor la desnudez de las enamoradas se oculta a los extraños y se guarda para los amantes. (Una contradicción de los muertos es que a menudo –aunque fugaces e imprevisibles– se dejan visitar mejor que los vivos.) »


Morante, Rosa: Araceli.
Barcelona, Bruguera (Narradores de hoy),
1984, pp. 302-303.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

y va de Cuentuito


El medium debió cambiar su oficio. Cada que entraba en trance lo contactaban las ánimas de nigromantes condenados por contactar a los muertos.