De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Duro presagio.
Una familia se muda
en Navidad...

miércoles, 19 de diciembre de 2012

de Julio Verne...



“Al escribir este relato, siento intensamente lo inadecuado de la pluma y la tinta… y sobre todo, mi propia deficiencia para expresar su calidad. Usted lee, supongo, con la suficiente atención, pero no puede ver el rostro blanco y sincero del narrador en el círculo brillante que proyectaba la pequeña lámpara, ni escuchar la entonación de su voz. ¡No puede saber la forma en la que su expresión seguía los cambios en su historia¡ […]”

Julio Verne, “El viajero del tiempo”
en La máquina del tiempo

miércoles, 12 de diciembre de 2012

"En silencio", Alfonsina Storni


Alfonsina Storni,
"En silencio"


Cerradas las puertas aguardo en silencio.
Entrará el primero que sepa llamarme,
cerradas las puertas...
            ¡Abre!

Aguardo dos manos que no matan pájaros.
Si llegan, la puerta se abrirá sin llave.
¿Eres tú quien pasa?
            No pierdas la hora,
            ¡Abre¡

Huye, si las manos
tuviste algún día manchadas de sangre;
cansarás ganzúas y músculos firmes;
llavero, no sirve tu llave,
no insistas,
            No abre...

¿Conoces la puerta? De rosas azules
la tejió Esperanza
            –La esperanza es grave–.
Si sabes que importa cegar sus pupilas.
            Abre...

Éste es el momento.
Yo te daré todo cuanto pueda darte;
mi corazón tiene dos alas sin dueño;
mírame hacia dentro...
            Abre...

Hallarás un tibio momento de sueño,
Bellamente suave,
Tan fino que acaso matarlo pudiera
La puerta que ahora, Dios mío,
            se abre.

Oh, no des un paso, llavero, suspende...
Es verdad que aguardo temblando me llames...
¡Llavero... llavero..., no muevas la llave!

"¿Alguna vez has tenido una sensación de que estás a punto de hacer algo realmente estúpido y una vocecilla te susurra: 'Estás a punto de hacer algo realmente estúpido, ¿no es cierto? Anda pues, Hazlo'. Así que levanté otra vez el perol, sombrero, casco aquel y lo miré; toqué su interior, y no sentí nada; acerqué la parte de afuera a mi oído, y no escuché nada; escuché a mi voz interior de advertencia, no le hice caso y me puse la cosa en la cabeza".

Stephen James, "Las bitácoras de Cycap en:

Historias clásicas de la ciencia ficción, México, SilverDolphin Editions,
2012, p. 107.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Comiendo sobras...
la ropa del vagabundo
deshilachada


en realidad, lo correcto, gramatical y métricamente, hubiera sido decir:
 
"Está raída
la ropa del mendigo
que come sobras."

pero así no me gusta...

lunes, 3 de diciembre de 2012

Un niño ríe / y contra el cielo azul / un globo suelto.

jueves, 29 de noviembre de 2012

NO acude más
a vender sus flores
la viejecita...

miércoles, 24 de octubre de 2012

Duro bocado.
Entre los charalitos
hay una piedra.
 
 

jueves, 11 de octubre de 2012

Por más que limpies
se quedarán en el piso
luces y sombras.


domingo, 7 de octubre de 2012

En vez de bichos
cuelgan en la telaraña
flores marchitas
 

jueves, 20 de septiembre de 2012

"Melancholia" de Banana Yoshimoto



"
En ese momento me acordé de Mayu, tan ávida de felicidad y, sin embargo, tan apagada, pasiva, ambigua, retorcida.
            Sólo era extraordinaria en un aspecto.
           Poseía un talento que hacía que a uno se le olvidara todo lo demás y la respetara: su forma de sonreír.
           Cuando ella, que poseía al menos cien sonrisas diferentes por motivos profesionales, sonreía de repente sin objeto, de forma inocente, su sonrisa llegaba directamente al corazón de las personas y borraba todos sus defectos.
            Era una sonrisa dulce, como cuando las nubes se disipan en un soplo y dejan ver el cielo  la luz, a la misma velocidad con que las comisuras de la boca se alzan y disminuye la distancia con respecto a las de los ojos. Una sonrisa pura, radiante, tan apaciguadora que llegaba a conmover, sana, espontánea. Su fuerza no se oscurecía siquiera cuando tenía el hígado destrozado, el rostro demacrado o la piel ajada.
            Pero se la llevó a la tumba.
           Debería haberle dicho cómo era su sonrisa. Siempre, todas las veces. Debería habérselo dicho en lugar de quedarme mirándola boquiabierta.”

pp. 18-19

Yoshimoto, Banana
“Melancoholia (unos años antes)”,
en Amrita, Maxi-Tusquets Editores,
México, 2010, pp. 9-33.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Llovió anoche.
La humedad se cuela
por las paredes.

Klimt...

 
" 
No existen autorretratos pintados por mí. No estoy interesado en mí mismo como «tema de un cuadro». lo que me interesan son otras personas, las mujeres y, sobre todo, otros fenómenos. Estoy convencido de que, como persona, no soy particularmente interesante. No soy nada especial que se deba contemplar... El mundo tendrá que arreglárselas sin mi autorretrato artístico o literario, lo cual no es asunto para lamentarse. Cualquiera que quiera saber algo sobre mí como artista, que es el único aspecto interesante, tendrá que contemplar detenidamente mis cuadros y extraer de ellos lo que soy y lo que quiero."
 
Gustav Klimt

Gartenweg mit Hühnern, 1916

lunes, 3 de septiembre de 2012

El zen está en todas partes...

A Beppo le gustaban estas horas antes del amanecer, cuando la ciudad todavía dormía. Le gustaba su trabajo y lo hacía bien. Sabía que era un trabajo muy necesario.
Cuando barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida. Paso-inspiración-barrida. Paso-inspiración-barrida. De vez en cuando, se paraba un momento y miraba pensativamente ante sí. Después proseguía paso–inspiración–barrida.
Mientras iba moviéndose, con la calle sucia ante sí y limpia detrás, se le ocurrían pensamientos. Pero eran pensamientos sin palabras, pensamientos tan difíciles de comunicar como un olor del que uno a duras penas se acuerda, o como un color que se ha soñado. Después del trabajo, cuando se sentaba con Momo, le explicaba sus pensamientos. Y como le escuchaba a su modo, tan peculiar, su lengua se soltaba y hallaba las palabras adecuadas.
–Ves, Momo –le decía, por ejemplo–, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla.
Miró un rato en silencio a su alrededor; entonces siguió:
–Y entonces empiezas a darte prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer.
Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando:
–Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que el siguiente.
Volvió a callar y a reflexionar, antes de añadir:
–Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.
Después de una nueva y larga interrupción, siguió:
–De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta de cómo ha sido, y no se está sin aliento.
Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final:
–Eso es importante.

Ende, Michael: Momo, Alfaguara, México, 2001, p. 42-43

miércoles, 29 de agosto de 2012


lunes, 30 de julio de 2012

¿Alguien sabrá...

... si Saramago escribió alguna vez sobre la reacción de los niños cuando les cuentan la verdad sobre los Reyes Magos?
Soñé que abría un libro de él donde decía algo así como que lo que más sorprendía a los niños era que todo mundo estaba de acuerdo en sostener una mentira. Al leerlo, me maravillaba (como siempre), la prosa de Saramago, pero al tratar de compartirlo leyéndolo en voz alta se me desdibujaba y se volvía un texto común y corriente...

viernes, 29 de junio de 2012

Entrada No. 200! *

Café y libros. / Se detiene la lluvia / en los cristales.


* Ésta es la entrada número 200 de este Rincón Amansalocos.
Había pensado escribir una entrada alusiva, pero mejor no...
Sólo dejo un abrazo y agradecimiento a todos
los cibernautas que aterrizan por aquí.

¡Muchas Gracias por leerme!

jueves, 28 de junio de 2012

"La hija del Caníbal"


Montero, Rosa:
La hija del Caníbal, México, 2010,
Santillana (Punto de Lectura 14), pp. 64-65.


« [...] Todo esto que acabo de relatar me ha sucedido a mí, pero podría haberle ocurrido a otra persona: resulta que a menudo los recuerdos propios nos parecen ajenos. Ignoro de qué sustancia extraordinaria está confeccionada la identidad, pero es un tejido discontinuo que zurcimos a fuerza de voluntad y de memoria. ¿Quién fue, por ejemplo, la niña que yo fui? ¿Dónde se ha quedado, qué pensaría de mí si ahora me viera? Tampoco mi cuerpo sigue siendo el mismo: no sé dónde leí que cada siete años renovamos todas las células de nuestro organismo. Así es que ni siquiera mis huesos, de los que hubiera esperado cierta contumacia y continuidad, son presencias fiables en el tiempo. Desde el astrágalo del pie al diminuto estribo del oído, todos esos huesecillos y huesazos han ido mutando con las décadas. Nada hoy hay en mí que sea igual a la Lucía de hace veinte años. Nada, salvo el empeño de creerme la misma. Esa voluntad de ser es lo que los burócratas llaman identidad; o lo que los creyentes llaman alma. Yo me imagino a la pobre alma como una sombra flojamente entretejida en el vapor de una tela de araña; y esa sombra se aferraría con dedos transparentes a las células vertiginosas de la carne (células veloces que mueren y que nacen a toda prisa) intentando mantener la continuidad, de igual manera que una vasija, puesta debajo de un grifo y rebosante de agua, impone en el líquido una misma forma, aunque el agua que contenga sea siempre distinta. O sea que, bien mirados, los humanos no somos otra cosa que una especie de botijos rebosantes.»

lunes, 25 de junio de 2012

De la docena / sólo quedan tres rosas / en el florero.


sábado, 23 de junio de 2012

Mudo custodio./
Sello de telarañas /
en la ventana.

viernes, 22 de junio de 2012

Descoloridas
por la lluvia de ayer
las flores caídas

jueves, 21 de junio de 2012

Retintinea
la primera moneda
en la alcancía.

sábado, 16 de junio de 2012

Mediodía gris.
Sartal de gotitas
en el alero.


sábado, 9 de junio de 2012

... sueños guajiros


Hace tiempo mencionaba acá una crítica demoledora sobre un texto,
mencionando que esperaba que nunca nadie se refiriera a un trabajo mío de esa manera.
Ahora pongo la contraparte. ¿Será muy presuntuoso pretender escribir alguna vez algo que merezca una opinión de este tipo?

«A primera vista, el texto era simple y llano, sin embargo, leyéndolo con atención, uno se daba cuenta de que había sido elaborado y arreglado de forma escrupulosa. No sobraba nada y, al mismo tiempo, habían escrito todo lo necesario. Aunque las expresiones calificativas eran reducidas, las descripciones eran precisas y ricas en matices. Y en el texto se percibía, sobre todo, una especie de musicalidad extraordinaria. El lector podía captar ese eco profundo aunque no leyera en voz alta.»

Murakami, Haruki:
1Q84, (Libro 2) Tusquets editores, 2009, p. 615.

Bolsa de dulces.
Por un agujerito
entran hormigas.

viernes, 8 de junio de 2012

Historia del rey transparente


Recuerdo pocos libros cuyo primer párrafo
me haya apasionado tanto como éste:

Montero, Rosa:
Historia del rey transparente
México, Alfaguara, 2005, pp. 12-13.

«Soy mujer y escribo. Soy plebeya y sé leer. Nací sierva y soy libre. He visto en mi vida cosas maravillosas. He hecho en mi vida cosas maravillosas. Durante algún tiempo, el mundo fue un milagro. Luego regresó la oscuridad. La pluma tiembla entre mis dedos cada vez que el ariete embiste contra la puerta. Un sólido portón de metal y madera que no tardará en hacerse trizas. Pesados y sudados hombres de hierro se amontonan en la entrada. Vienen a por nosotras. Las Buenas Mujeres rezan. Yo escribo. Es mi mayor victoria, mi conquista, el don del que me siento más orgullosa; y aunque las palabras están siendo devoradas por el gran silencio, hoy constituyen mi única arma. La tinta retiembla en el tintero con los golpes, también ella asustada. Su superficie se riza como la de un pequeño lago tenebroso. Pero luego se aquieta extrañamente. Levanto la cabeza esperando un envite que no llega. El ariete ha parado. Las Perfectas también han detenido el zumbido de sus oraciones. ¿Acaso han logrado acceder al castillo los cruzados? Me creía preparada para este momento pero no lo estoy: la sangre se me esconde en las venas más hondas. Palidezco, toda yo entumecida por los fríos del miedo. Pero no, no han entrado: hubiéramos oído el estruendo de la puerta al desgajarse, el derrumbe de los sacos de arena con que la reforzamos, los pasos presurosos de los depredadores al subir la escalera. Las Buenas Mujeres escuchan. Yo también. Tintinean los hombres de hierro bajo las troneras de nuestra fortaleza. Se retiran. Sí, se están retirando. Al sol le falta muy poco para ocultarse y deben de preferir celebrar su victoria a la luz del día. No necesitan apresurarse: nosotras no podemos escapar y no existe nadie que pueda ayudarnos. Dios nos ha concedido una noche más. Una larga noche. Tengo todas las velas de la despensa a mi disposición, puesto que ya no las vamos a necesitar. Enciendo una, enciendo tres, enciendo cinco. El cuarto se ilumina con hermosos resplandores de palacio. ¡Y pensar que nos hemos pasado todo el invierno a oscuras para no gastarlas! Las Buenas Mujeres vuelven a bisbisear sus Padrenuestros. Yo mojo la pluma en la tinta quieta. Me tiembla tanto la mano que desencadeno una marejada.»

miércoles, 6 de junio de 2012

Viernes


Heinlein, Robert A.:
Viernes, Ultramar Editores, Barcelona, 1983, pp. 283-284.

«[…] Quiero mencionar uno de los síntomas obvios [de una cultura enferma]: la violencia. Asaltos callejeros. Francotiradores. Pirómanos. Bombas. Terrorismo de cualquier clase. Disturbios, por supuesto... pero sospecho que los pequeños incidentes de violencia, picoteando a la gente día tras día, dañan a una cultura incluso más que los disturbios que surgen de pronto y se apagan en seguida. Creo que eso es todo por ahora. Oh, reclutamientos y esclavismo y las compulsiones arbitrarias de todo tipo y la prisión sin fianza y sin un juicio rápido... pero esas cosas son obvias; todas las historias las listan.

--Viernes, creo que has olvidado el síntoma más alarmante de todos.
--¿De veras? ¿Vas a decírmelo? ¿O debo tantear en la oscuridad buscándolo?
--Hummm. Esta vez te lo diré. Pero luego búscalo. Examínalo. Las culturas enfermas muestran un complejo de síntomas tales como los que has nombrado... pero una cultura agonizante exhibe invariablemente una rudeza personal. Malos modales. Falta de consideración hacia los demás en asuntos sin importancia. Una pérdida de educación, de modales gentiles, es más significativo que un disturbio.
--¿Realmente?
--Uf. Hubiera debido obligarte a descubrirlo por ti misma; entonces te hubieras dado cuenta. Este síntoma es especialmente serio en tanto que ningún individuo piensa nunca en él como una señal de mala salud sino como prueba de su fuerza. Míralo. Estúdialo. Viernes, es demasiado tarde para salvar a esta cultura... esta cultura mundial, no sólo el fenómeno que tenemos aquí en California. Por consiguiente debemos empezar a preparar ya los monasterios para la próxima Edad Oscura. Las grabaciones electrónicas son demasiado frágiles; debemos tener de nuevo libros, hechos con tinta estable y papel resistente. Pero puede que eso no sea suficiente. La reserva para el próximo renacimiento puede que tenga que venir de más allá del cielo. […] »

... y pensar que esto fue escrito hace treinta años, antes del bulling y otros fenómenos tan de moda que me hacen sentir que vivo en el mundo de Naranja Mecánica...

lunes, 4 de junio de 2012

Carita feliz 
del niño que se prueba 
zapatos nuevos.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Muy solidarios
atrás del vagabundo
vienen tres perros

1Q84


Murakami, Haruki:
1Q84, Tusquets editores, Barcelona, 2011, pp. 83-84.

Sigo leyendo novelas japonesas. Ahora me tocó en suerte deleitarme con Haruki Murakami, de quien me habían hablado maravillas. Descubrí, asombrado, que todos los elogios se quedaron cortos.
El siguiente fragmento me llamó especialmente la atención, al ser yo mismo corrector de estilo, por lo que me vi plenamente reflejado en la descripción.


No tenía lo que se podría llamar un plan exacto sobre cómo re-escribir la novela. Tan sólo se le habían ocurrido algunas ideas sobre detalles concretos. Tampoco iba a aplicar un método ni fijar unos criterios para corregirla. Tengo no estaba seguro de que una novela fantástica y sensible como La crisálida de aire pudiera corregirse de forma lógica. Como le había dicho Komatsu, estaba claro que había que corregir considerablemente el texto, y sin embargo tenía que intentar no dañar el espíritu y la calidad del original. ¿Acaso no era lo mismo que intentar darle un esqueleto a una mariposa? Cuando pensaba en ello, se sentía confuso y más inseguro. Pero el asunto ya estaba en marcha y el tiempo era limitado. No tenía margen para cruzarse de brazos y ponerse a pensar. No quedaba más remedio que ir despachando cada detalle, uno por uno. Ocupándose artesanalmente de los pormenores, quizás emergiera por sí misma una perspectiva global de la obra.
        «Tengo, puedes hacerlo. Lo sé», había afirmado Komatsu, seguro de sí mismo. Y, sin saber por qué, Tengo creía a ciegas en las palabras de Komatsu. Era un personaje bastante problemático en su manera de comportarse, y básicamente sólo pensaba en sí mismo. No cabía duda de que, si fuera necesario, dejaría a Tengo en la estacada. Y era posible que ni siquiera volviera la cabeza. Pero como él mismo había dicho, poseía un olfato especial como editor. Komatsu nunca titubeaba. Siempre juzgaba, tomaba una decisión y pasaba a la acción al instante. No le importaba lo que dirían los demás. Tenía las cualidades necesarias para ser un comandante excelente al frente de la batalla. Y ésas eran cualidades de las que, claramente, Tengo carecía.
        En realidad, Tengo empezó a reescribir a las doce y media del mediodía. Tecleó en el ordenador, tal y como estaban, las primeras páginas del original hasta un lugar adecuado donde parar. Primero se propuso corregir ese bloque hasta que quedase aceptable. El contenido de la historia no lo tocaba, sólo arreglaba de forma minuciosa el estilo. Era algo semejante a renovar las habitaciones de una casa. La estructura principal quedaba como estaba, porque en sí misma no tenía ningún problema. Tampoco cambiaba la posición de las cañerías. Pero todo lo demás, todo lo que se pudiera reemplazar —el revestimiento del suelo, el techo, las paredes y los tabiques— lo arrancaba y lo sustituía por material nuevo. «Soy el mañoso carpintero al que han encargado el trabajo», se repetía a sí mismo. No había un diseño fijo. Tenía que ingeniárselas valiéndose de su intuición y de su experiencia para cada caso.
        A las partes que resultaban difíciles de entender leyéndolas una vez les añadía una explicación, y así facilitaba el flujo de lectura. Las partes sobrantes y expresiones reiterativas las eliminaba, y completaba partes insuficientes. De vez en cuando, cambiaba el orden de párrafos y oraciones. Como en el original los adjetivos y adverbios eran muy escasos, aun respetando esa característica, cuando notaba que hacía falta alguna frase adjetiva, la añadía escogiendo las palabras adecuadas. A pesar de que el texto de Fukaeri era, en general, infantil, las partes buenas podían diferenciarse fácilmente de las malas, por lo cual la elección de soluciones resultaba menos complicada de lo que había pensado. Había partes que, por ser infantiles, eran difíciles de entender y de leer, pero por otro lado había expresiones que, a pesar de ser infantiles, resultaban sorprendentemente originales. Las primeras las eliminaba sin pensárselo dos veces y las sustituía por otras diferentes; las segundas podía dejarlas tal cual.”

jueves, 10 de mayo de 2012

Noche de grillos.
Quedó el almendrito
sin una hoja.


viernes, 27 de abril de 2012

Al fin es viernes. / En el muro trasero /
hay dos sandalias.

"El país de la canela"

Ospina, William: El país de la Canela
Bogotá, Norma, 2008, p. 106

"Sólo cuando se convierte en relato el mundo al fin parece comprensible. Mientras los vamos viviendo, los hechos son tan agobiantes y múltiples que no les encontramos pies ni cabeza. O tal vez tiene razón Teofrastus, quien me dijo que lo que les da orden a los recuerdos es que ya conocemos el desenlace, que los vemos a la luz del sentido que ese desenlace les brinda. Al soplo de los hechos, todo va gobernado por la incertidumbre, y los únicos seres que parecen coherentes son aquellos que, a falta de saber cómo terminarán las cosas, tienen claro un propósito que buscan imponerle a la realidad.
A cada paso eligen en función de lo que persiguen, les resulta más fácil optar entre alternativas y tomar decisiones, saben escoger con resolución un camino y prescindir de otro.


Tal vez entenderás mejor que yo estas cosas que cuento, porque yo las viví por accidente y a ciegas pero tú buscas algo, todas estas historias para ti tienen un sentido. Basta ver tu mirada y tus gestos para entender que cada cosa que escuchas va ocupando un espacio en tus planes, y no será fácil convencerte de que estás intentando una locura."

jueves, 26 de abril de 2012

Bosque quemado. / Encuentro en mi patio / muchas cenizas.

martes, 24 de abril de 2012


Charco de café.
La taza se fusiona
con el platito.

domingo, 22 de abril de 2012

Brisa de abril. / Un papel desechado / entre los cardos.

sábado, 14 de abril de 2012

Viento de noche.
Las hormigas arrastran
un pollo caído.

sábado, 7 de abril de 2012

Avanza el día. / Se evapora el charco / de la bañera.

martes, 3 de abril de 2012

"Me refiero a los Játac"


Peramo, Carlos: Me refiero a los Játac,
Bruguera, Barcelona, 2007, pp. 213-214.


[…] Respiré hondo y logré tragarme las lágrimas. Entonces capté de nuevo aquel olor desconocido, aquel perfume agradable. Alcé la cabeza, olisqueé el aire.
    ̶ Es Anaïs Anaïs  ̶ anunció Vanesa, muy seria ̶ , Me la he comprado hoy. ¿Te gusta?
   Recordé entonces la de veces que yo había bromeado diciéndole que me divorciaría de ella si se le ocurría cambiar Eau Fraîche por otra colonia. Aquella casualidad, que tratándose de Vanesa no tenía nada de casual, me golpeó con fuerza y me asustó, porque confirmaba lo que acababa de ocurrir entre nosotros con mayor contundencia que la que había logrado con palabras. Sin Eau Fraîche Vanesa era otra persona, y yo también.
   ̶ Lo sabías, ¿verdad?  ̶ dije.
  ̶ No sabía como decírtelo  ̶ asintió bajando la mirada.
   ̶ Yo tampoco.
   Tenía que marcharme cuanto antes, pero me senté en el sofá. Un momento y me voy, me dije, sólo un momento. Cerré los ojos. Permanecimos un rato sentados sin decirnos nada, mirando el televisor apagado, Vanesa con el mando a distancia en la mano aunque sin decidirse a utilizarlo. Nuestras rodillas se tocaban ligeramente, la mía oculta en el pantalón, la suya desnuda, allí juntas como despidiéndose porque no volverían a tocarse nunca. Supongo que por ese motivo ni ella ni yo hicimos ademán de apartarnos y dejamos que se fueran consumiendo aquellos minutos que sabíamos eran los últimos.
   Finalmente, ella se levantó con dificultad y murmuró que se iba a dormir. Supuse que se refería a que aquella noche ya no dormiríamos juntos. […]

lunes, 2 de abril de 2012

Agua de ensueño / la sombra que proyecta / el chorro de agua.

viernes, 30 de marzo de 2012

Nació temprano
entre grumos y lodo
la "payasita".
 

 


miércoles, 21 de marzo de 2012

Escriba bien o mal / resuenan los resortes / de mi teclado.

jueves, 15 de marzo de 2012

Buen desayuno
por el trozo de pan
se trasluce el sol.

martes, 13 de marzo de 2012

En olitas
se derrama el agua
del cubo lleno

lunes, 12 de marzo de 2012

Me encantan los títeres.

Acabo de descubrir a esta compañía austriaca, el Salzburger Marionettentheater, que en su repertorio cuentan con óperas de Mozart, ballet clásico como El cascanueces, y algunos cuentos, como Hansel y Gretel.

Les dejo una pequeña muestra:

La flauta mágica.

Espero que les guste.

Mascando grama / un conejo perdido / en los suburbios.

jueves, 8 de marzo de 2012

Tanta nostalgia
ocupa cada hueco
de mis libreros.

martes, 6 de marzo de 2012

Vuelvo al ayer.
Huelen a naftalina
los viejos cuentos.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Anuncio!

Ciclo de conferencias sobre los códices de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.
La del lunes 26 de marzo, sobre el Códice Azoyú 1, la dictará mi esposa, Elizabeth Jiménez :-)
Aquí el programa completo

martes, 28 de febrero de 2012

Para meditar sobre la "modernidad" y la "globalización" ...


…unas palabras de Michael Crichton, el autor, entre otras obras, de Parque jurásico:

»En siglos pasados, los seres humanos deseaban ser salvados, o mejorados, o liberados, o educados. Pero en nuestro siglo quieren ser entretenidos. No es la enfermedad o la muerte lo que más nos asusta, sino el aburrimiento. Una sensación de tiempo en las manos, una sensación de no tener nada que hacer. Una sensación de que no nos divertimos.
            Pero, ¿adónde irá a parar esa fiebre del entretenimiento? ¿Qué hará la gente cuando se canse de la televisión? ¿Cuando se canse del cine? Todos conocemos la respuesta. La gente acudirá a las actividades participativas: los deportes, los parques temáticos, los parques de atracciones. Diversión estructurada, emociones planificadas. ¿Y qué harán cuando se cansen de los parques temáticos y las emociones planificadas? Tarde o temprano, el artificio resulta demasiado evidente. La gente empieza a dase cuenta de que un parque de atracciones es una especie de cárcel, donde uno paga por convertirse en preso.
     El hastío ante este artificio los impulsará a buscar autenticidad. “Autenticidad” será la palabra que abra todas las puertas en el siglo xxi. ¿Y qué es auténtico? Todo aquello que no está concebido y estructurado para obtener un beneficio. Todo aquello que no está controlado por las multinacionales. Todo aquello que existe por sí mismo, que adopta su propia forma. Pero en el mundo moderno, claro está, no se permite que nada adopte su propia forma. El mundo moderno puede compararse a un jardín formal, donde todo está plantado y dispuesto en función de un determinada efecto. Donde no hay nada intacto, donde no hay nada auténtico.

Crichton, Michel: Rescate en el tiempo (1999-1357),
Random House Mondadori (Debolsillo),
México, 2006, pp. 599-600.

Aunque esto fue escrito en 1999, antes del boom de internet y las redes sociales, deja mucho que pensar, ¿no?

Pinta colores / en el piso mojado / el cubo de luz.

domingo, 26 de febrero de 2012

Charla de viejos.
El contorno del monte
siguen las nubes.

jueves, 23 de febrero de 2012

Se va el frío.
Otro año que las perras
mudan de pelo.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Planté gardenias.
Me quedó la alianza
llena de lodo.

domingo, 19 de febrero de 2012

¡Perdí la sazón!
Demasiada pimienta
en las chuletas.
:(

viernes, 10 de febrero de 2012

Microcuentito

Fracasó como taquero. Padecía del sindrome de la tortilla en blanco.

Lluvia ligera.
Los granitos se hinchan
en el salero.

miércoles, 8 de febrero de 2012


“[…] ¿Es preciso traducir todas las palabras? En ocasiones, una palabra no traducida puede servir para recordarnos que el lenguaje no es significativo, que la inteligibilidad es sólo uno de sus elementos, una de sus funciones. La palabra no traducida carece de funcionalidad. Está ahí, simplemente. Por escrito es un conjunto de letras que, articuladas con mayor o menor acierto en la pronunciación, producen un complejo de fonemas un sonido más o menos musical e interesante, un ruido, un objeto. La palabra no traducida es como una roca, como un pedazo de madera. Su uso, su significado, no es racional, definido y limitado, sino concreto, potencial e infinito. En principio. Todas las palabras que decimos son términos no traducidos.”

Le Guin, Úrsula K.:
El eterno regreso a casa, Edhasa, Barcelona, 1989, p. 494

martes, 7 de febrero de 2012

Va la muchacha / leyendo en el metro / y se sonroja

lunes, 6 de febrero de 2012

Ya está circulando el No. especial 42 de Arqueología Mexicana: "Los códices de la Biblioteca Nacional de Antropología".
Lean "El Códice Azoyú I", pp. 34-37 de Elizabeth Jiménez, mi esposita bonita :-) Excelente impresión, por cierto, un ejemplar que hay que tener en la biblioteca de cada quien.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Cuarto aniversario
A modo de autocrítica y agradecimiento *


 

* O, en palabras del notable antropólogo B. Malinowski:
Confesiones de ignorancia y fracaso :(


Media taza
café y tres sonetos
sabor lírico
© P. B.


Como cada aniversario de este Rincón Amansalocos, recibo un haiku de regalo que manda una de las primeras lectoras de este blog. Y lo aprecio en mucho por venir precisamente de quien me introdujo a ese mundo maravilloso (y complicado) del haiku.

De hecho, fue por su insistencia que comencé a generar intentos tímidos y completamente fuera de la métrica ortodoxa. Y digo a “generar”, y no “escribir”, pues muchos de los que pienso jamás los vierto al papel, a veces porque los considero muy malos o simples, o a veces simplemente los olvido.

Al tiempo que me maravillaba leyendo haikus, clásicos o modernos, y exploraba páginas dedicadas al tema, también me fui adentrando en las discusiones sobre la métrica, que si es aplicable o no considerar las sinalefas y hiatos, del conteo de versos esdrújulos y agudos, etc., hasta llegar a unos discusiones verdaderamente bizantinas sobre las reglas fonotácticas (tuve que aprender qué era eso) tan particulares del japonés, con su ausencia de consonantes líquidas y la obligatoriedad de seguir la secuencia consonante-vocal y como se podría relacionar esto con la fonología del castellano.

Eso por hablar sólo de la forma. Al entrar en el fondo de la cuestión se me complicó aún más: que si poner o no poner verbos, que la referencia forzosa al kigo, que si sólo se valía hablar de las florecitas y los pajaritos… Y como en todo nicho de mercado cultural, también encontré círculos muy cerrados, los clásicos “clubes de elogios mutuos”, además de otros que sostienen que el haiku es para principiantes y los verdaderos iniciados escriben tanka… (tanka veri moch, yo paso, detesto el esnobismo y las pretensiones de segregar al común de los mortales del olimpo de los elegidos).

Al final, alguien me desasnó y me enteré que mis tercetos no aspiraban a haikus, sino a un género llamado senryú “que se centra en la existencia humana, incluyendo a menudo humor negro y cinismo sobre las miserias mundanas, a veces con un toque de humor que no está presente en el haiku”. Y es que en eso de las tipologías puede uno enfangarse fácilmente, por ejemplo, si le habláramos a alguien de principios del siglo XX sobre un “corrido” de su época, lo más seguro es que obtuviéramos un fuerte regaño por que la pieza, por su temática, más bien se cataloga como un “ejemplo”, un “son”, una “cola”, o bien una “relación” o una “tragedia”.

Y aquí es donde hago la autocrítica. Sé cuán pretencioso es llamar “haikus” a mis tercetitos, que publico algunos aquí, y muchos más Twitter y en Facebook, de un solo maquinazo, sin revisión alguna, por lo que muchas veces después encuentro mejores formas de expresar esas pequeñas maravillas que, por cotidianas, se nos pasan por alto en la mirada de mis perras o el papelito que se quedó atascado entre los cardos…

Algún mérito he de tener, pues me han llegado felicitaciones en los comentarios, en las redes sociales o algunas veces más en corto. También me he percatado de que hay algunos visitantes asiduos a la etiqueta “haiku”. A todos ellos, amigos, o pasajeros ocasiones que aterrizan por aquí, expreso mi más sincero agradecimiento por acompañarme en estas locuras. Si no es mucho pedir, me gustaría que externaran su opinión, pues también es necesario que a uno le señalen los errores.

Así es que preveo que en el futuro siga dedicando las entradas de este blog a publicar tercetitos-tipo-haiku, algunos sólo de mi invención y otros en los que, al carecer de una buena idea para completarlos, recurro a la ayuda de mis amigos twitteros al proponer una parte del terceto y recabando las sugerencias.

Y, para demostrar que ésa será la tendencia, aquí está el primero del quinto año del blog:


Viaje próximo.
No veré la cayena
abrir mañana.


viernes, 27 de enero de 2012

Y descansando de las letras

les presento la que quizá sea la pieza musical más hermosa que se haya escrito:

jueves, 26 de enero de 2012

Cuervos, patos, rocas


CUERVOS, PATOS, ROCAS

Observaciones y comentarios realizados por un anciano de la Serpen­tina de Kastoha-na, Nogal de la Casa del Extremo del Puente, durante una conversación con la recopiladora, y reproducidos con su autorización

El modo en que caminan los cuervos indica que están en contacto con cosas que uno necesita saber. Sin embargo, nunca están dispuestos a revelarlas.

Cuando se observa el caminar de los patos salvajes, uno diría que no conocen nada, ¿verdad? Pero cuando se les ve volar o cuando se les oye hablar, posados sobre el agua en grandes banda­das, o cuando se les oye hablar incesantemente mientras vuelan —charlan tanto como las personas y conocen más cosas sobre el otro lado de las montañas—, cuando se les ve volar, y formar esa escritura, ¡uno desearía saber leerla!

No todas las rocas tienen la misma sensibilidad. La mayoría de los basaltos no prestan atención. No están pendientes de nada. Quizá todavía están pensando en el fuego de la oscuridad. La roca de serpentina siempre es sensible. Proviene del agua y del fuego, avanzó y fluyó entre otras rocas para llegar al aire y siempre está a punto de romperse, de desmenuzarse y convertirse en polvo. La serpentina escucha y habla. El pedernal es una roca extraña. Siem­pre permanece encerrada. La arenisca es una roca para las manos: se entienden mutuamente. Aquí, en el Valle, no disponemos de piedra caliza y los Buscadores traen fragmentos de ella en sus via­jes. Lo que he podido ver de ella es mortal e intelectual: es una roca hecha de vidas. Dicen que allí donde la tierra está compuesta de piedra caliza, los ríos corren a través de ella por cavernas subterrá­neas y nunca salen a la luz. Eso sería extraño. Me gustaría ver esas cavernas. El granito de la Cordillera de la Luz es una comunidad de rocas, muy hermosa y poderosa. Cuando contiene mica, que despide reflejos como la luz sobre el mar, resulta maravillosa. La obsidiana es cristal, por supuesto, y también la piedra pómez y la roca de cenizas que se encuentra en torno a Ama Kulkun. Todas ellas tienen la naturaleza del cristal, el filo y el flujo, y contienen la luz. Son rocas peligrosas.
            En general, las rocas no viven del mismo modo o al mismo ritmo que nosotros. Sin embargo, uno puede encontrar una roca, sea un gran peñasco o una pequeña ágata en el lecho de un río y, observándola detenidamente, tocándola y sosteniéndola, prestando atención a sus sonidos o dedicándole unas breves palabras o cánti­cos, una pequeña ceremonia, o permaneciendo inmóvil y callado con ella, uno puede penetrar en cierta medida en el alma de esa roca y la roca puede penetrar en la de uno, si está dispuesta a ello. La mayoría de las rocas tienen una vida muy larga. Han existido durante mucho tiempo antes de que llegáramos nosotros, y segui­rán existiendo mucho tiempo después de que desaparezcamos. Al­gunas son muy antiguas, nietas del advenimiento de la tierra y del sol. Aunque no hubiera nada más que pudiéramos conocer gracias a ellas, bastaría con eso, con saber de su gran longevidad. Sin em­bargo, hay en las rocas otros muchos conocimientos, muchas cosas que sólo pueden conocerse con su ayuda. Las rocas están dispues­tas a colaborar con las personas que las manejan, las estudian y las trabajan con placer y respeto, con atención y cuidado.

Le Guin, Úrsula K., El eterno regreso a casa, Edhasa, Barcelona, 1989, pp. 368-370.