De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Gajes del oficio

1.

—Buenas tardes.


—Buenas tardes.

—Quiero papel crepé, ¿de qué colores tiene?

—Hay verde, amarillo, azul, rojo, rosa, blanco, café, naranja, solferino...

—Déme verde....

—¿Verde limón, verde bandera, verde pistache, verde bosque o verde oscuro?

—Mejor el papel crepé no, mejor de china... ¿qué colores tiene?

2.

—Oiga, señor, ¿cuánto cuestan los lápices de a peso?

(sufro y no hay plan B)



miércoles, 9 de diciembre de 2009

correciones

upps... CorreCCiones

Según una leyenda urbana, en una plática entre Jorge Luis Borges y Alfonso Reyes, ambos coincidieron en que su razón para publicar era... dejar de corregir sus manuscritos.

Y no importa si esa conversación no se dio, "se non è vero, è ben trovato". He aquí dos pruebas de cómo trabajan sus textos los grandes:


BORGES, Jorge Luis: Siete noches. Tierra Firme, FCE. México. 1982. p. 76


José Emilio Pacheco, Tomado del diario La Jornada. Cd. de México. 18 de noviembre del 2009.

jueves, 26 de noviembre de 2009

reloj público
pasan los colegiales
apresurados




miércoles, 25 de noviembre de 2009

Esto es álgebra

SIn palabras









lunes, 23 de noviembre de 2009

Poema

El Rincón se sigue vistiendo de gala al recibir colaboraciones verdaderamente valiosas en su sección "Escritores invitados".
Hoy les propongo un P a n F r e s c o

martes, 17 de noviembre de 2009

haiku no ortodoxo

El Rincón Amansalocos ha recibido nuevamente un regalo de una escritora amiga

Arroyo

Cantos rodados
Murmullo en piedras
Brilla el agua

©-Derechos Reservados. ® 7 de Marzo del 2009

Arroyo de montaña
Entre León y Asturias

Óleo sobre tabla 80 x 30.6 cm
Manuel Sosa © 1996
tomado de:
http://manuelsosa.com/Paisajes/source/arroyo_largo.php

lunes, 16 de noviembre de 2009

ÍMPRIMASE

y hágase válido

sábado, 14 de noviembre de 2009

¡Chin!

¡Chin! *
Víctor Jiménez

Tomado de JIMÉNEZ, Víctor:
El pozo
Ed. Fridaura. México. 1995. p. 49.

Nervioso, pensando en la aceptación del público, espera la señal que le indicará el momento de iniciar su actuación.

Por fin la luz esperada lo conduce al escenario. Rápidamente inicia su acto de malabarismo, con su mirada recorre las pelotas que hábilmente juegan entre sus manos alegremente. Los ojos brincoteando de aquí para allá, unidos a su carita pintada de payaso provocan risas en algunos. Tal vez en parte su nerviosismo se debe a su corta edad y a la poca experiencia que tiene. El tiempo apremia así que se dirige al público esperando su aprobación. Al fondo del escenario unas manos le hacen señas, él intenta llegar, pero no puede. --¡Chin! --piensa-- Otra vez no calculé bien el tiempo.

La luz ha cambiado y los autos reinician su veloz carrera.


* El pozo, recopilación de cuentos breves de Víctor Jímenez, "cuenta historias que afloran en la calle, decires que emergen desde su propia profundidad para alcanzar a ras del pavimento la queja, la denuncia, la impotencia ante lo injusto de un sistema que nos va minando a todos".

viernes, 13 de noviembre de 2009

Comodidad

patio mojado
las perras buscaron
el cuadro de sol





Como he tenido un día difícil...

les comparto este video para que se diviertan un poco.


video

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Serpientes y escaleras

Nota introductoria:
Nuevamente falto a mi propósito de no refritearme.
Pero tengo dos motivos: Este es el primer texto que subí a la red, hace más de seis años, y le tengo algún aprecio.
Y el otro, que me temo que la página donde está, Predicado.com, algún tiempo un excelente lugar de reunión de escritores y que ahora sufre de una lamentable decadencia, cierre sin previo aviso.


Obsesivamente recordaba ese sueño.


Se veía mientras bajaba y bajaba atravesando pisos idénticos, alfombrados de rojo, paredes blancas relucientes y cuatro puertas de madera, cerradas y blancas. Un cubo central de escaleras, apenas un pasillo que conectaba cuartetos de puertas desnudas de rótulos. Los techos radiaban una luz brillante y fría iluminando paredes ciegas, sin ventanas, que enmarcaban pares de puertas a izquierda y derecha.
En uno de los descansos un esquema revelaba un tiro vertical como el de una mina, siempre en descenso y a él, sin esperanza de sosiego, ubicado apenas en el arranque. En
tonces despertó.

Siempre estuvo convencido de que esos picaportes redondos y oscuros no requerían de llaves. Si hubiera franqueado alguno de los vanos, quizá lo aguardaba el acceso a un camino donde encontraría su canción y su respuesta. En momentos turbulentos deseaba volver a esas puertas y escapar. Debía calcar el sueño original, reviviendo con fidelidad aquel mundo onírico. Pero presintió que esa misma fidelidad en los detalles lo exponía a despertar al día que tuvo el sueño. A cambio de una salida, se vería forzado a repetir décadas enteras de su vida.

Esa posibilidad, al principio indeseada, se volvió cada vez más atractiva. Valdría la pena revivir el tedio y los deberes escolares sin sentido si conservaba todos los recuerdos. Y también las experiencias. Y también conocimientos y habilidades, sus deseos...
Si no se olvidaba de sí mismo, si lograba encarnar el yo presente en su propio pasado, renacería capacitado para evitar errores, sabiendo qué debía callar o lo que debería decirse, prevenido sobre acciones y omisiones.


Se percató que resoñando adecuadamente podría transportarse a un cualquier momento de su propio pasado, usando sus propios sueños-recuerdos como vínculos a través del tiempo. Secretamente inventó rituales, y tras varios años de combinar fases lunares con fechas exactas y días de la semana, inesperadamente una noche el olor a lluvia le acarreo el recuerdo de un sueño feliz. Y despertó reencarnado en un lejano ayer decidido a nunca revelar que había realizado ese viaje insólito, ni de cuándo provenía.

El principio fue arduo: era difícil decidir cuál era su cepillo de dientes o recrear los detalles de las rutinas cotidianas, y le desconcertaron la infinidad de obligaciones, compromisos y conversaciones que a cada día dan su sabor y de los cuales ahora estaba desconectado. Debía re-conocer su propia vida en todos sus elementos, a riesgo de volverse anacrónico.
Pronto advirtió que los conocimientos que había memorizado para aplicarlos con ventaja le resultaban apenas útiles, pues en cuanto tomaba una decisión que le imprimía nuevo rumbo a su futuro-pasado, con ella se desencadenaban un sin fin de cambios que, en efecto dominó, le hacían irreconocibles los caminos por los que iba enfrentándose.
Aun así, logró enfocarse sobre ciertas tendencias de su vida y la de algunos otros, interviniendo para impedir encuentros y evitar relaciones o actividades sin perspectiva.
A pesar de saber con antelación lo que necesariamente pasaría en el mundo, empezó a angustiarle ver que cada vez se le escapaba más el anhelado control sobre su vida.

Conforme los cambios que ocasionaban sus nuevas acciones crecían como una bola de nieve, también se incrementaba su ansiedad y la tristeza de haber renunciado a su vida inicial. Y entre mayor era su desesperación, incontroladamente comenzó a reencarnarse a otros momentos, a través de sueños pasados o futuros, de su vida antigua o de la nueva, sin orden, creándose más y más futuros cada vez más distintos, irreconocibles.

Entonces descubrió que estaba inmerso en un absurdo juego de serpientes y escaleras a través del tiempo, inerme ante las tiradas de unos dados que lo movían a su antojo adelante y atrás por un tablero cambiante tras cada jugada.
Y, demasiado tarde, supo que las puertas de su sueño habían sido una advertencia, en vez de una invitación. Cada puerta era un sueño-vínculo que no debía abrirse. Cada piso era un futuro alternativo que era preciso evitar. Pero ya era tarde, ahora sólo le quedaba descender más y más por aquel socavón interminable.

martes, 10 de noviembre de 2009

Desamparo

Anoche la vi
no regr
esó al panal
¿la extrañarán hoy?


jueves, 29 de octubre de 2009

insomnio

Noche en blanco
el tic tac del reloj
arrulla la nada

lunes, 19 de octubre de 2009

Hasta parecen viejitos ...

... nos decía mamá asombrada de que a los revoltosos y rockeros de sus hijos les gustara la música de tríos y la de las grandes bandas...

miércoles, 14 de octubre de 2009

Nombres


Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es el arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'nilo'.

Jorge Luis Borges, "El gólem"




¿Por qué no habrá una palabra para designar cuando prejuzgamos a la gente por causa de su nombre de pila? Casi (nótese el "casi") todas las Claudias que conozco son frívolas. Así que cada nueva Claudia llega ya con una etiqueta que puede ser injusta, heredada por todas sus tocayas frívolas que la antecedieron.

El nombre propio es poderoso talismán que puede abrir o cerrar muchas puertas. No son pocas las culturas alrededor del mundo en las cuales se ocultan los nombres verdaderos, pues se cree que si alguien lo descubre puede controlar mágicamente a su poseedor, pues hasta los dioses tienen el suyo, secreto y poderoso. Los cabalistas aún buscan el título escondido de Jehová y, según los árabes, los camellos tienen esa mirada tan orgullosa porque son los únicos que conocen el último apelativo de Alá, que le fue susurrado al oído a uno de ellos por el mismísimo profeta Mahoma al considerar que ningún hombre era digno de saberlo.

A mí no me gusta mi nombre, y sé de muchísimas personas que con gusto cambiarían el suyo. Hubiera preferido algo más común porque, para mi mala suerte, soy el único en la familia con uno solo, así que ni siquiera tengo la opción de decidir cuál usar. Y es que cuando a un nombre poco usual se le añade un apellido de por sí extraño (no somos más de cincuenta Arboleyda según el último conteo) y además con esa "y griega" que quién sabe de dónde salió y obliga a deletrearlo, los disgustos por que a cada rato lo rebautizan a uno están a la orden del día.

Una de las pláticas favoritas en las reuniones familiares es compartir las anécdotas de lo que pasamos cada que hacemos una compra o trámite. En alguna práctica de campo escolar me tocó, junto con una compañera guatemalteca de apellido Aycinena, efectuar el papeleo para hospedarnos en un hotel. Cuando preguntaron que quién se registraba, automáticamente di el nombre más común de quienes nos íbamos a alojar y ella exclamó "¡a vos te pasa lo mismo que a mí!", hasta con regocijo por encontrar un compañero de cuitas. Entendí de inmediato.

Con todos esos antecedentes, a la hora de escoger cómo bautizaríamos a mi hija(o) pasamos varias semanas antes del nacimiento para encontrar dos (de niño y niña) que satisficieran varios criterios: que no estuviera repetido en las dos familias, que no sonara feo, que no fuera extraño ni inventado, que no nos recordara a nadie indeseable, que no fuera uno de esos que ocasionan prejuicios, que no estuviera en una lista de vetados (nada de "Gladys" o "Nancy"), y de preferencia corto, bonito, y en el caso de los femeninos, que no terminara en "a" para evitar la repetición de sonidos con la inicial del apellido... además de que le sentara bien, o sea que "tuviera cara de llamarse así". Afortunadamente fue niña y le gusta su nombre (también la historia de cómo lo escogimos pero no que le digan "Chabelita"), pues el pobre Mario hubiera sufrido mucho cada que le dijeran "Mario Bros".

Si bien es poco lo que se puede hacer con el nombre que nos impusieron nuestros padres, el seudónimo (me sigo resistiendo a llamarles nicks) que escogemos para navegar en la Internet sí es nuestra responsabilidad. Hay quienes tienen un nombre de usuario para cada página en la que se registran, o tienen un seudónimo para cada "personalidad" distinta que exhiben.
Otros somos bastante consistentes al usar uno solo, aunque vayamos afinándolo de acuerdo a cómo se va recibiendo. El mío surgió de una palabra que inventó la hija cuando tenía ocho y dijo, textualmente, que "no tenía por qué someterse a las reglas de los apellidos" y formó uno nuevo mezclando las primeras sílabas del materno con la terminación del paterno... y pronto fuimos conocidos entre los amigos como "la familia Jimeneyda". La "s" final la puse porque me chocaba que frecuentemente pensaran que era mujer ... ¡aunque no falta quién aún me llama "linda"!

¿Y tú?, ¿cuál es la historia de tu seudónimo?

viernes, 9 de octubre de 2009

Mini cuento en letra pequeña

Era tan mezquino que sólo le gustaban los meses enero, mayo y octubre porque al anotar las fechas usaba un único número romano.

martes, 6 de octubre de 2009

El quinto dragón *

El quinto dragón, novela con la que Paulina Aguilar ganó el premio de literatura juvenil de Editorial Norma 2009, en una novedosa propuesta que renueva algunos tópicos recurrentes en la literatura del género, al darles un enfoque innovador dentro de una historia romántica entre dos adolescentes especiales que se mueven entre su mundo cotidiano y el del mito, ambos muy bien concebidos y re-creados por la autora.


Se establece así un marco diferente para tratar la convivencia o lucha entre hombres, dragones, hombres-dragones y cazadores de dragones, retomando el que entre los hombres aparezcan ocasionalmente individuos que sean dragones debido a un lejano parentesco perdido en los tiempos del mito.** Otro acierto fue hacer que el don de hacer realidad lo que se escribe, en lugar de convertirse en una salida fácil, se aproveche para crear situaciones que incrementan y complican una trama que se sustenta en los mitos y leyendas que la autora nos regala como un mundo paralelo a donde se desarrolla la historia principal.
Paulina Aguilar logra crear un entorno creíble con una prosa ágil y muy bien lograda. Los dos protagonistas se van alternando en la narración de sus propias vivencias del mundo donde se desarrollan prácticamente como "exiliados", seres ajenos a la realidad que viven, con la que chocan tanto que incluso desean definir su pertenencia al mundo real o al mágico de las leyendas, lo que recuerda a las contradicciones internas que Lucius Shepard aborda en El cazador de jaguares.

De aventura en aventura, de desventura en desventura, Abi y Jan se van acercando cada vez más a un primer desenlace... que gracias a un golpe de mano de la autora marca un nuevo comienzo, donde distintas realidades se van alternando como las cartas de una baraja en la que la escritura es el puente que une a todas ellas, invirtiendo el papel de los mundos inventados en el papel que ya se nos presentara en El mundo de Sofía.

Como lector, gocé de manera especial la lectura de El quinto dragón; el único aspecto que me hubiera gustado encontrar es que a los personajes secundarios se les diera más amplitud, en especial la abuela y la hija del emperador, cuyas personalidades presentan bastantes facetas interesantes para desarrollar. Ojalá El quinto dragón sea el primero de una larga serie de historias que nos presente Paulina Aguilar en un futuro próximo.

* AGUILAR Gutiérrez, Paulina. El quinto dragón. México, 2009. Grupo Editorial Norma.

** Este aspecto fue tratado magistralmente por Úrsula K. Le Guin a lo largo de la saga de El mundo de Terramar, especialmente en los dos últimos libros: Tehanu y En el otro viento.

viernes, 2 de octubre de 2009

Pequeño homenaje

a Mercedes Sosa, que con su trabajo nos abrió los ojos a tantas generaciones.
con grandes deseos que supere su problema renal

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Para todo mal, mezcal

Para todo mal, mezcal,*
para todo bien, también.
Y si no hay remedio, ¡pues litro y medio!

Poco después de que naciera mi hija, mi suegro decidió olvidar que prácticamente me robé a mi esposa sin pedir su mano ni nada del ritual. Para iniciar los acercamientos, me obsequió una botella.

--Es mezcal minero de puntas --dijo, y me regaló el primero de muchos relatos campiranos, leyendas y anécdotas que le escucharía durante los siguientes diecisiete años.

Mientras compartíamos un caballito del licor viendo la duración del perlado en el líquido ambarino, me contó:

"Está bueno porque lo hacen en un cerro donde los matones son tan matones que los matones de alrededor les tienen tantísimo miedo, que sólo se desquitan con habladas: que ahí nadie lleva los huaraches en los pies: los cargan en el antebrazo, así ni se les gastan y los usan de escudo a la hora de los machetazos. Y que en las fiestas, bailan el Himno Nacional y 'Las Mañanitas'."

De momento pensé que me estaba tomando el pelo. Después descubrí cuán frecuentemente en cada pueblo se burlan de sus vecinos diciendo lo mismo, si acaso cambian la música que se dice que "bailan"..., aunque cueste trabajo imaginar a alguien bailando "Las golondrinas".

Ante tan buen licor, sellé la botella y la puse a añejar. De esto hace casi veinte años y aunque no han faltado motivos de festejo, lo sigo reservando para una ocasión especial. Pero ahora me asalta una duda: ¿No me tocará regalarla para iniciar el acercamiento con un yerno poco tradicional?


*Mezcal:
Licor obtenido de destilar el cocimiento del corazón de varios tipos de agaves.
El tequila es un tipo especial de mezcal.

lunes, 28 de septiembre de 2009

maltrato

Cuántos misterios
tras las cicatrices
del lápiz mordido



jueves, 24 de septiembre de 2009

Tonto es el que presta un libro...
y más tonto quien lo regresa

Lo confieso, lo soy por partida doble

Siempre regreso libros, discos (en su tiempo lp o casetes) y películas.
Sólo hay uno que no devolví (una joya, por cierto:
Obras completas de Antoine Saint Exupéry, impreso en papel biblia con pastas de cuero azul), y no porque quisiera quedarme con él. Lo pedí prestado a una pareja, ambos amigos míos. Mientras lo leía, ellos rompieron de manera por demás dolorosa. Como la dedicatoria y su respuesta en la portadilla les hubieran despertado recuerdos muy amargos, pues me quedé con él.

En cambio, nunca he podido superar la compulsión de prestar aquellos libros que por alguna razón decido que alguien debe leer o por querer compartir lo bien que me sentó algún título (a veces también un poquito por presumir algún descubrimiento).
Tantos de esos tomos no regresaron que abandoné la costumbre de anotar en mi "padrón de la ignominia"* a los deudores. Aunque no muchas veces logro reponer el título faltante, sigo recayendo en prestar literatura, textos académicos, cds, dvds... y prefiero considerarme precursor de "Libera un libro".

El aspecto positivo es que la explosión bibliográfica se mantiene controlada, pese a que sigo comprando más de lo que puedo leer y de repente me encuentro alteros de libros por toda la casa, cuando la idea original es que estuvieran todos juntos.

Y es que es fácil hacerse de libros, pero no de libreros, y menos cuando se vive en un clima que impone las maderas duras (ayacahuite como mínimo, pues el cedro está cada vez más caro) para evitar la polilla... lección que aprendí después de que fue arrasada una parte >Filosofía >Materialismo histórico. La plaga se detuvo con Mao Tse Tung, quizá fue demasiado denso aún para los gusanitos que devoraron con gusto el estante prefabricado junto con Marx, Engels y Lenin.


Con todo, sigue siendo un gran problema acomodar a los recién llegados. Se tienen que adaptar a la clasificación creada hace mucho, en su origen bastante racional pero ahora más complicada que la de El nombre de la rosa.
Con los académicos no hay tanto problema, se ordenan por disciplina y subdisciplina, aunque algunos temas, imponen su jerarquía, y así uno que debería ir con los de >Arte prehispanico, va a dar a >Tula o a >Estado de Guerrero.

Los de literatura, en cambio, sólo los localizo casi de memoria. Por ejemplo, los libros de ciencia ficción y literatura fantástica tienen su propio mueble, acomodados por orden alfabético según el apellido de su autor.
¿Pero quién me dijo que
La guerra de las salamandras emigrara desde >Literatura europea >Europa oriental >Checoslovaquia y esté entre cuentos de robots y naves espaciales? o que las novelas históricas de Úrsula K. Le Guin estén con sus compañeros de literatura fantástica y no en >Novela norteamericana? ¿Drácula debe quedarse en la sección de >Clásicos o fundar su propio apartado en >Literatura fantástica >Vampiros?, y La guerra del fin del mundo nunca dejará la >Latinoamericanos > V >Vargas Llosa, por más que la llamen sus compañeras desde >Novela histórica.

Por cierto fetichismo, no tiro a la basura ningún libro. Eso sí, nunca he dudado al mandar a alguno a los anaqueles más inaccesibles, una especie de limbo, la >Monstruoteca.


*
Padrón de la ignominia o de la infamia:
"Nota pública de infamia o desdoro que queda en la memoria por una mala acción." En algunos archivos virreinales se anotaba así el registro de nacimiento de los individuos con sangre africana.

domingo, 20 de septiembre de 2009

¿no has entendido nada?
Cabeza de Buda

Hace tiempo me di cuenta de que las películas que más me gustan son aquellas en las que es más difícil contestar al clásico "¿y de qué se trata?".
La redención, la búsqueda del perdón, y de aprender a perdonar sólo son algunos de los temas subyacentes en este estupendo filme recién estrenado.
Enmarcado por la constante presencia de la ciudad de México en sus distintos sectores que llega a funcionar como otro personaje, se desarrolla una trama cada vez más apasionante en que los personajes hacen un viaje interior empujados por circunstancias que los alejan más y más de su entorno y comodidad cotidiana, obligándolos a enfrentar su incapacidad por manejar los sentimientos propios y ajenos.

La pregunta constante a lo largo de la trama es "no has entendido nada, ¿verdad?", como reacción a la tendencia de optar por las salidas fáciles que conducen de regreso al punto inicial idealizado como carente de problemas, pero que, contrario al mito del eterno retorno, resulta imposible después de pasar por las experiencias terribles, pero liberadoras, a las que someten los personajes principales.
El final del viaje se da cuando se percatan que la redención solo es posible al abandonar el egoísmo-egotismo, para lograr el perdón del otro logrando que el otro se perdone a sí mismo.
Como película tiene un mundo de puntos favorables. Excelentes actuaciones que son realzadas por una magnífica iluminación y un sonido de la mejor calidad (aspecto desgraciadamente muy descuidado en las películas mexicanas) que resalta la pista musical de lo más adecuada a la trama.
Y sobre todo, una dirección que supo llevar al filme desde lo que al comienzo se presenta como una telenovelota llevada a la pantalla grande hasta uno de esos raros momentos en se sale de la sala de cine y no para de recomendar: "No pueden dejar de ver Cabeza de Buda".

viernes, 18 de septiembre de 2009

una pequeña semilla de linaza, mordida entre los dientes, para romper el ayuno.

la broma que le hago a una de mis perras, la que carece de sentido del humor.

las flores que compré para mi esposa a una vendedora ambulante .

una mariposa que sobrevuela despreocupada sobre unas hormigas afanadas.

la sonrisa de una niña que será muy guapa.

un arcoiris doble, muy cercano y luminoso.

varios descubrimientos de escritos bellos, mientras escucho viejos boleros de Julio Jaramillo.

¡la vida es bella!

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Del tintero de los clásicos...

una gotita:

"Las manos se toman de las manos y los ojos se quedan en los ojos...
Así comienza la historia de nuestros corazones.
Es noche de marzo, noche de luna.
Y el dulce olor del Henneh va en el aire.
Caída está mi flauta y olvidada,
y tu guirnalda de flores está sin terminar..."

Rabindrabath Tagore

jueves, 3 de septiembre de 2009

¡Bostecemos! *

RECETA PARA LOGRAR
UN BOSTEZO
DE LA MEJOR CALIDAD


Primer método

1. Cierre la boca.
2. Pase la punta de la lengua por el velo del paladar tan atrás como pueda, y muévala de lado a lado varias veces, de modo que toque los nacimientos de los terceros molares superiores.
3. Al empezar a sentir el deseo de bostezar, con la boca aún cerrada deje reposar completamente abajo la lengua y comience a abrir voluntariamente la musculatura de la garganta
4. Cuando sea irresistible, abra la boca y dé un gran y profundo bostezo.

Nota: si puede, hágalo enfrente de varias personas y diviértase viendo como se contagian, jeje

Segundo Método

punto único: Lea las siguientes entradas de este blog... (sigh)


* Bostezo:
Acción incontrolada de abrir la boca, con separación muy amplia de las mandíbulas, para realizar una inspiración profunda a la que sigue una espiración de algo menos de lo inhalado, con cierre final. Cuando se bosteza, además, se estiran los músculos faciales, se inclina la cabeza hacia atrás, se cierran o entornan los ojos, se lagrimea, se saliva, se abren las trompas de Eustaquio del oído medio y se realizan muchas otras, aunque imprecisas, acciones cardiovasculares, neuromusculares y respiratorias

viernes, 28 de agosto de 2009

¡Rayos!, se descompuso
el tostador de pan

(o “Breve recordatorio de que
«de la rutina a la ruina
solo hay una letra de diferencia»”)


Detesto comer sandwiches preparados con pan sin tostar.

Cada mañana pongo dos rebanadas en la tostadora para preparar el sandwichito que me servirá de tentempié en el trabajo a mediodía.

Y, hoy en la madrugada, el tostador no funcionó: mi rutina, tan estudiada, ensayada y practicada de las mañanas, no se desmoronó aunque, claro que no es lo mismo que falle un tostador de pan a que no arranque el auto cuando se tiene prisa.

Si uno es de los que tardan años en despertar, y más en viernes cuando ya se acarrean cinco días seguidos de dormir menos de seis horas por noche, es preciso seguir un guión estricto: sólo en piloto automático logra uno ejecutar en secuencia todas las cosas que vienen después de apagar el despertador hasta que la modorra comience a ceder con el desayuno y empiecen a funcionar mis cuatro neuronas.

Tras la rutina matinal, viene la de comenzar el día laboral: otra vez, una secuencia de actos que ha probado su eficacia para ahorrar tiempo: cuál aparato se enciende primero, el radio, las luces, etc., muchas de esos actos preparados previamente por la rutina de los cierres de la noche anterior.
Luego, la rutina de revisar las cuentas de correo, el blog, los diarios en línea, las páginas a las que soy asiduo, y a mediodía la rutina de comer el almuerzo ligero…

Rutinas, rutinas, rutinas.

Y yo que junto con mis hermanos criticábamos a papá por ser tan predecible…

Pensé en todo esto mientras revisaba por qué el pan no brincaba de las ranuras. Me debió angustiar el grado de mecanización de la vida cotidiana, tanto que ya dudo si salir a pasear a la ventura, sin plan definido, no se ha convertido también en una de las rutinas del fin de semana (junto con la de hacer las compras, la limpieza de la casa, etc.).

Pero me percato que hay cabida para mucha sorpresa y mucho asombro, muchos momentos para encontrar “lo sagrado que vive en todas las cosas”, ése que pueden encontrar quienes escriben haikus, … incluyendo la magia de un tostador descompuesto.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Bach visual

Para las personas que, como yo, consideren el mundo musical como algo sumamente misterioso (aunque fascinante), la tecnología nos propone vehículos para que las cosas se nos aclaren un poco.



DIÁLOGOS EN LA PREHISTORIA
(o sea, de cuando los Picapiedras eran buenos)

"--Wilma, ¿estás segura que esta crema maravillosa hará salir nuestra belleza escondida?"
"--No estoy segura, Betty. Me conformo con que oculte mi fealdad descubierta."

Diálogo en "Los Picapiedra"

jueves, 6 de agosto de 2009

Abandono

casa en sombras
detrás del guiso frío
la silla coja

miércoles, 5 de agosto de 2009

Un sapito y Los changos

¿No les pasa que hay días en que uno amanece con una canción en la cabeza?, aunque a veces la melodía aparece por asociación de ideas, o le brinca a uno como una de esas "pequeñas cosas", de las que cantaba Serrat. Y no sólo piezas musicales que han tenido relevancia en la vida, a veces son estribillos de anuncios comerciales (uno de mis favoritos es la de "estaban los tomatitos, muy contentitos, cuando llegó el verdugo, a hacerlos jugo"), o incluso canciones que uno detestó cuando estuvieron de moda.

Y cuando eso pasa, la canción se repite, se repite, se repite, sin que se encuentre el botón de "stop", como si se tuviera una comezón en las neuronas imposible de rascar.

Hoy amanecí con una canción infantil dando vueltas por mi cráneo: "Ajum dijo un día un sapito, Ajum dijo un día un sapito...", y no he podido parar de tararearla (debo parecer loco de atar, jeje),

Luis Pescetti: Un sapito


y también les pongo una similar:


lunes, 3 de agosto de 2009

En casa fomentamos el arte juvenil

LLegaron dos chavitos (recuérdese que "joven" es alguien cinco años menor que uno, así que para mí cualquier adolescente entra en la categoría de "chavito") a pedir permiso para grafitear uno de los muros de la casa.

Nos simpatizaron y aceptamos algunas de sus propuestas, (ellos, tan serios, traían un muestrario de bocetos y de trabajos que ya han hecho en otros muros). Ayer, el día acordado, llegaron temprano seis de ellos y comenzaron su labor... que les llevó todo el día.

Con todos los nervios del mundo, decidimos no interferir, y sólo salimos a ver cuando nos avisaron que habían terminado. Lo que nos encontramos fue esto:


¡Y NOS GUSTÓ!

viernes, 31 de julio de 2009

Bichos

(nota introductoria: me había propuesto no refritearme algunos textos míos publicados en otros lados --éste lo subí a Predicado.com en octubre del 2003--. Sin embargo, me he enterado que "Bichos" fue distribuido en una secundaria veracruzana como medida preventiva contra los ataques de enjambres, y que al menos a varios alumnos les sirvió para evitar ser picados por abejas africanizadas. Así que, con toda la presunción del mundo, lo republico ahora, para que quede constancia al mundo que al menos algo de lo que escribí sirvió para algo bueno, jeje)


A muchos les extraña mi tolerancia hacia los bichos. No es mera indiferencia: es una complicidad que trasciende mi respeto y amistad por la vida (bueno, moscas, cucarachas, alacranes y parásitos sí están proscritos).

Me divierten quienes no conciben cómo puedo trabajar frente a un escritorio donde anidan avispas cazadoras: una es azul, con antenas amarillas; la otra, la pequeña, luce alas anaranjadas sobre su cuerpo verde metálico. Me refrescan con su aleteo y no es raro que se posen en mi pelo.

Sí, me lo han advertido, sé que la picadura debe ser dolorosa y que hay personas a quienes les daña como la ponzoña del alacrán amarillo, pero no me distraen. Hasta me entretienen sus afanes mientras pienso que por vivir junto a las bocinas ya les agrada la música setentera. Ah, y aprendimos a no chocar. A veces logro adelantarme a mis perros antes de que desmembren tarántulas y alimañas, y las libero donde vivan en paz, lejos de la casa para que no vengan a presagiar temblores.

No siempre he pensado igual ni cambié gradualmente. Fue en un momento, aunque una hora entre abejas africanas difícilmente puede ser tenido como “un momento”. Empezaba a caer la tarde; atrasados ya en un recorrido de verificación topográfica a campo traviesa, teníamos pendiente un solo punto de los programados para el día. No tocarlo significaría perder toda la jornada siguiente nada más para regresar al lugar.

La decisión, tan rápida como imprudente, fue atajar unos cuatrocientos metros vadeando una cañada que no parecía agreste: árboles dispersos entre peñascos grandes rodeados de los densos abrojos que nos venían fastidiado manos y cara. Una vez tomado el rumbo a través del “sendero” más prometedor, iniciamos el descenso, yo el veterano por delante, sin más complicaciones que una profundidad mayor a la indicada en el mapa. Al acercarme a la otra orilla algo percibí que me hizo alertar a mis compañeros: “¡Abejas!”.

Afortunadamente para ellos, cuando oyeron mi advertencia apenas empezaban a bajar y desandaron fácilmente su camino. A mí, entre los zumbidos y el dolor de los primeros piquetes, sólo se me ocurrió pensar cuán extraño era que no había visto una nubecita bien definida y palpitante como los enjambres de Winni Pooh mientras me percataba que no tenía la mínima posibilidad de escape: los peñascos eran ahora paredes de gran altura y los espinos impedirían correr hacia ningún lugar.

Claro que este cuadro la verbalicé después, armando imágenes dispersas. Ante la emergencia, el instinto estaba al mando y lo siguiente que recuerdo es que encontré acomodo en menos de medio metro cuadrado entre dos piedras asumiendo una posición que el mandril más sumiso consideraría indigna. Para mi buena suerte, pese al calor la vegetación nos había impuesto vestir ropa muy gruesa, de forma que sólo llevaba al descubierto la cara, las manos y... las orejas, ¡cómo duelen los aguijonazos en las orejas! Antes había vivido momentos difíciles: miedos tan intensos, de esos que paralizan y sólo se acierta a percibir el frío que corre por la médula; dolores tan fuertes que se empieza a pensar si no convendría morir antes que soportarlos. Pero miedo y dolor juntos, nunca.

No vi desplegarse mi vida en un instante, sino que la conciencia se me partió en varios canales, todos pugnando por imponerse: En uno se transmitían varias historias sobre hombres y bestias muertos por abejas, al tiempo que una señal “en off” me urgía a recordar cuántas picaduras puede soportar un ser humano en poco tiempo. Por otro lado escuchaba reclamos: “espero que no hayas perdido la libreta, burro. ¿Para qué la traías en la mano?”, o “¡Cómo eres cretino!, si no hubieras dejado de fumar traerías un encendedor y harías humo”.

Pero las voces más angustiantes evocaban a mi familia recibiendo la noticia. Y fue esa imagen tan dolorosa la que llevó a mi yo racional a asumir el control. Total, faltaban unas tres horas para el anochecer y confiando en la conseja de que las abejas no vuelan de noche, acerté a decidir que esperar era la única opción. Así que conseguí hacer caso omiso de los zumbidos y, para pasar el tiempo, me dediqué a contarme las picaduras, tarea que había que recomenzar tras cada acometida. Además, es difícil distinguir dolores individuales en medio de dedos, orejas y nuca inflamados; nunca logré pasar de diecisiete, aunque al día siguiente aún me quitaba aguijones de entre el nacimiento del pelo.

Después me enteré que la lucidez a la que me aferré no era tanta, porque no recuerdo haber avisado que estaba bien pero que no me podía mover, y aún para dar algunas instrucciones, aunque sí me llegué a preguntar si el sonido de mi voz o cualquier otro aumentaría la furia del ataque. Total, cuando amainó el volumen del enjambre me empecé a mover, torpemente al principio, pues estaba entumido. Pronto aprendí a no interferir la trayectoria de vuelo de ningún insecto y así escalé, muy lentamente, hasta ponerme a salvo.

Por eso es que tolero a los bichos, me enseñaron muchas cosas. Por eso es que me gusta la vida, que haya vida y que yo esté vivo aún, y que me conozca facetas de mí mismo que nunca hubiera imaginado.

miércoles, 29 de julio de 2009

Vejez

Desde su casa
un perro anciano ve
andar al amo

miércoles, 22 de julio de 2009

¿Será posible?



(es bueno ver este video en pantalla completa)

viernes, 17 de julio de 2009

Sobre mexicanismos:
la palabra 'mero'

Uno de las ventajas de la aldea global de Internet es que al acercarnos a hispanoparlantes de otras latitudes, nos percatamos de muchas peculiaridades de nuestras hablas que por cotidianas nos pasan inadvertidas.

Así, como el personaje de Moliere que hablaba en prosa sin saberlo, me acabo de enterar que sólo en México la palabra "mero" es tan polisémica y cargada de matices.

Mantengo amistad con muchos venezolanos; al principio pasábamos bastante tiempo preguntándonos el significado de muchas palabras hasta que construimos un léxico común y neutro. A través de una amiga, venezolana de origen nicaragüense, que conoce tanto el vocabulario centroamericano (más similar al habla mexicana) como el sudamericano, caí en la cuenta de cuántos usos distintos damos a la palabra en cuestión:

Además de su función como sustantivo para denotar ese pez tan sabroso como grande, en México usamos "mero" en los siguientes casos.

1. En algunas regiones, como la Tierra Caliente de Guerrero y Michoacán, significa lo mismo que "muy": "Eso es mero bonito".

2. Como adverbio: Exactamente, precisamente, justamente. Ejemplo, se contesta: "Eso mero", cuando alguien acierta en una descripción o diagnóstico. Otro ejemplo: "ése mero fue el que se robó los panes". "Comenzó a estudiar el mero día del examen".

3. Locución adverbial: "El mero mero", o sea, el más importante o principal de una categoría. "Fulano es el mero mero en eso" = es el que más sabe, el jefe.

4. Locución adverbial: "ya mero" = En un tris, a punto de: "¿Ya mero vienes?" = ¿vendrás pronto?, generalmente usada para denotar urgencia. Incluso lo usamos como diminutivo: "Ya merito acabo".

5. "Yo mero" = yo mismo, usada generalmente para presumir o con orgullo... "¿quién arregló la tubería?" "¡Yo mero!"

p.d. olvidé otros usos:
6. Denota incredulidad ante una afirmación recibida. Ejemplo: "Dijo que mañana viene y te paga", "Ya mero".

7. Igual que "casi": "Por merito y pierde el partido".

martes, 7 de julio de 2009

Y si no es ahora, ¿cuándo?


Estoy por cometer una falta de respeto para mis lectores: intentar reseñar un libro cuando apenas llevo leídas sesenta páginas. Y eso se debe a que estoy frente a un libro cautivador, de esos que invitan a releer varias veces cada párrafo, e incluso de volver atrás para volver a deleitarse con algunos pasajes. En mi descargo, iré publicando mis impresiones sobre la obra conforme vaya avanzando.

El rabino Marcelo Ritter, líder de la comunidad Bet-El mexicana, ha escrito
Y si no es ahora, ¿cuándo? sobre la urgencia de vivir la vida, un libro que sería fácil etiquetar como otra obra más de auto ayuda. Pero es una obra que se sitúa más en la tradición de Anthony de Mello. Más en la tradición de apelar a la sensibilidad del lector situándolo en el curso de las grandes corrientes que han producido nuestra cultura. Y, por lo tanto, menos en la línea más "mercantil" (a mi gusto) de autores como Coelho, Osho o Chopra.

La breve reseña de la contraportada no acierta a captar la esencia de la obra: «Es un manantial donde confluyen reflexiones, pensamientos, historias reales, ideas y sentimientos que te ayudarán a tener una vida que refleje la santidad del tiempo y un tiempo que refleje la santidad de tu vida; a que des a tu camino un sentido, un propósito.»
Y si no es ahora, ¿cuándo? no es una mera colección de frases "inspiradoras" y lugares comunes sobre historias personales de "éxitos". En vez de eso, invita a la reflexión constante. Desde proponer lecturas alternativas al despertar de Gregorio Samsa hasta llamar al lector a que disculpe a Dios... "por haber creado un mundo imperfecto, ... un mundo de seres humanos con defectos humanos". Un libro muy recomendable para todos los que aspiran a vivir una vida plena.

RITTNER, Marcelo. Y si no es ahora, ¿cuándo?
Ed. Debols!illo. México. 2008

viernes, 3 de julio de 2009

amor entre espinas

Macho y hembra
sobre una acacia
generan vida

viernes, 26 de junio de 2009

Nota curiosa

Sydney, Australia:

El misterio de los círculos que aparecían en los campos de amapolas del sur de la isla australiana de Tasmania fue resuelto: son canguros drogados que se comen las flores de amapola y corren en círculos. Tenemos un problema con los canguros que entran en los campos de amapola, quedan drogados y corren en círculos, explicó el jueves la principal legisladora del estado, Lara Giddings. Después se quedan dormidos, añadió. Mucha gente cree que los círculos que aparecen misteriosamente en cosechas de diferentes partes del mundo están creados por alienígenas. La productora de amapola Tasmanian Alkaloids señaló que se sabe que los animales que comen amapolas, como ciervos y ovejas de las tierras altas de la isla, actúan raro. Rick Rockliff, jefe de operaciones de campo, dijo: Ha habido muchas historias sobre ovejas que han comido algo de amapolas después de la cosecha y todas caminan en círculos. Australia produce alrededor de 50 por ciento de la materia prima para fabricar morfina y otros opiáceos.

miércoles, 24 de junio de 2009

Canasta de juguetes

El domingo fui al mercado y me encontré esta escena ya en vías de extinción...

¡una canasta de juguetes tradicionales!

Espero que la foto tomada con celular refleje cuánta nostalgia puede caber en una sola canasta.


martes, 23 de junio de 2009

Adivinanza

¿Qué es lo que se repite una vez cada minuto, dos veces en cada momento, y nunca en un siglo?

lunes, 22 de junio de 2009

estado de ánimo

días lluviosos
o pueden deprimirme
o me dan hambre

p. d.
¿de qué color es el hambre?

jueves, 18 de junio de 2009

mi pequeña familia...

En casa formamos una pequeña familia de tres humanos y tres orejudas, que ya conocieron en Escena familiar.

Les presento a mi esposa e hija:




lunes, 15 de junio de 2009

Desafío de frases

Acepto el desafío que desde Los hijos de Aesir lanzó Ángela Arias, consistente en


1) Coge el libro que tengas más cerca.
2) Ábrelo en la página 161.
3) Busca la 5ta frase (completa)
4) Cita la frase en el blog
5) Pásalo a otros cinco blogs.

y confieso con pena que hice un poco de trampa, porque el libro más cercano era un catálogo de productos, así que lo cambié por el libro que tengo en lectura.

La frase es:

«La empujó a las aguas tranquilas del embarcadero, y al instante, con un murmullo sordo, la barca empezó a hacer agua.»*

me temo que así, aislada de su contexto, no diga nada. Sería difícil transmitir la sensación de urgencia y miedo que ya en este punto acarrea el lector por las mil y un penurias por las que ha pasado el protagonista, Ged, en su enfrentamiento con la "sombra" que liberó cuando era joven y por vanidad demostró su poder mágico ejecutando un ritual para invocar a los muertos...

Hubiera preferido que me hubieran pedido tomar la frase de la página 165:

«De repente, la sombra dio media vuelta, y pareció más vaga e indistinta, menos un hombre y más un poco de humo llevado por el viento.»**

Aprovecho la ocasión para recomendar ampliamente este libro y todos los de su autora, Úrsula K. Le Guin, escritora norteamericana galardonada con los premios más reconocidos a la literatura fantástica y de ciencia ficción, aunque su obra incluya poesía (con algunos poemas escritos en español) y novela histórica.

Y mientras logro deshacer el merengue de códigos HTML que armé y logro darle una presentación decente a esta entrada, iré pensando los cinco blogs a los que lanzaré el desafío.


*Le Guin, Úrsula K. Historias de Terramar: edición completa. Ediciones Minotauro, Barcelona, 2007. T. I. "Un mago de Terramar", cap. 5 'La cacería'. p. 161.
** ibid. p. 165

jueves, 21 de mayo de 2009

Crianza

Lluvia ligera
y un colibrí sigue
con su faena

domingo, 17 de mayo de 2009

"Entre Güeyes no hay Cornadas" *

(o la versión decente del mismo refrán: “Entre gitanos no se dicen la buena ventura”)

Definitivamente, los mexicanos no tenemos remedio. Con todo el dolor de mi corazón empiezo a pensar que de veras nos merecemos los gobiernos que tenemos; en el mapa genómico de la población nacional debieron detectar algún sector que nos hace ser tan agachones, tan borregos y al mismo tiempo tan ilusos.

¿Pues que otra lectura si no ésta se le puede dar a que en una semana coincidan dos escándalos políticos mayúsculos y no haya pasado --y no habrá de pasar-- nada? Tanto el libro de Carlos Ahumada como la entrevista que le hizo Carmen Aristegui al ex presidente De la Madrid en realidad no dijeron nada que cualquier mexicano en uso de razón no sepa desde la cuna: la tremenda corrupción e impunidad que permean todos los ámbitos de la vida política, empresarial, sindical y tantos etcéteras como se guste nombrar.

Lo único que queda es el espectáculo morboso de ver como los protagonistas de los cada vez más frecuentes casos de corrupción “se dicen sus verdades” y terminan embarrados de podredumbre… y volver a constatar que nadie pisará la cárcel o mínimamente quedará tan desprestigiado para caer en el ostracismo, antes de que el próximo espectáculo mediático vuelva a ponernos en el ánimo de ver que dos privilegiados “se agarren bonito”.

Tan es cierto que esta conducta debe estar muy adentro de la memoria genética nacional, que abundan ejemplos en la literatura. Transcribo uno de ellos, tomado de Tropa vieja,** de Francisco L. Urquizo, obra en la que la primera etapa de la Revolución Mexicana, desde antes de sus inicios en 1910, hasta la Decena Trágica, en febrero de 1913, es narrada por un soldado federal.

“… siempre era lo mismo, siempre había sido así y así seguiría siendo quién sabe hasta cuándo. Desde del tiempo de Santa Anna, me decían, había habido siempre leva y golpes y malas pasadas. El recluta sufría cuando llegaba y seguía sufriendo cuando era soldado hasta que lograba ascender a cabo; allí comenzaba a desquitarse, con los de abajo, de los golpes que antes recibió, aporreando a los nuevos o a los antiguos compañeros. De sargento era peor; más se le subía y más duro era; si llegaba a oficial, era como si hubiera llegado hasta la gloria.


“Muchos que parecían tener un rencor muy hondo, decían en sus malos ratos:
“--cuando yo llegue a ascender a cabo, qué gusto me voy a dar agarrándome a golpes con el cabo López. ***
“Y ascendían, llegaban a ponerse en las mangas la cinta colorada: todos los que seguían de soldados creían que iban a tener la ocasión de ver un pleito bueno y de gozar viendo cómo el compañero ascendido iba a desquitarse con el cabo López, y nada; de allí para adelante eran ya muy diferentes de cuando eran soldados rasos. Lo mismo eran los sargentos y los oficiales. Una escalera en la que el de más arriba pisaba al de más abajo.”



* Otra variante aún más vulgar es “Perro no come Perro”. A mis lectores les consta que he evitado entrar en temas políticos y controversiales en este blog. Eso no quiere decir que yo sea apolítico, simplemente que no he considerado que éste sea el mejor lugar para dirimir estos temas.
** URQUIZO, Francisco L., general: Tropa vieja. Populibros La Prensa 1. Editora de Periódicos S. L. C., México, 1992. pag. 49.
*** Tener que esperar a tener el mismo rango para intentar una venganza era para evitar el cargo de insubordinación, férreamente castigado por código militar al que estaban sujetos: “Todo militar que se exprese mal de su superior, en cualquier forma, será castigado severamente”. “ Cometen el delito de insubordinación, el militar o asimilado que con palabras, ademanes, gestos o señas, falte al respeto y sujeción debidas a un superior en categoría o mando que porte sus insignias o a quien conozca o deba conocer… pena de muerte, … veinte años de prisión…” [Ibídem, pp. 51-52]

lunes, 11 de mayo de 2009

Premio: "Siete cosas raras sobre mí"

Ángela Arias, de Los hijos de Aesir me ha distinguido nuevamente con un premio: Siete cosas raras sobre mí.

Al principio dudé en aceptarlo: seleccionar solo siete cosas raras de mi personalidad me pareció difícil. Pensándolo mejor, decidí dejar de lado las excentricidades "históricas" (aquellas cosas que hacía de niño o adolescente) ni las derivadas de la edad (el Alzheimer se manifiesta de modos extraños, jeje).


Aceptar el premio implica:


1. Mencionar a quien lo otorga:
Ángela Arias, quien nuevamente tiene una gentileza para este blogcito.

2. Mencionar Siete cosas raras sobre mí:

1. Frecuentemente confundo izquierda con derecha (pero no en el ámbito político, eh, ahí sí está claro). Tanto, que debo pensar concientemente cuál es cada lado.

2. Soy completamente omnívoro, lo cual quiere decir que no le hago el feo a nada, cocinado o crudo, ya sea insecto, reptil, etc... con una sola excepción: los espárragos, que no hay poder humano que me haga probarlos.

3. Para dormir uso un protector dental porque rechino los dientes en la noche.

4. Prácticamente no padezco de ninguna superstición (porque eso de ser supersticioso da mala suerte). Quizá sólo tenga una, evitar decir "lo último" y cambiarlo siempre por "lo más reciente".

5. A excepción de la gente de un círculo muy cercano, ¡detesto que me toquen!, pocas cosas me desagradan tanto como la gente que por querer hacerse la simpática lo palmean a uno en los hombros o la espalda, y más si es un vendedor quien lo hace.


6. Debo haber sido sargento en mi vida inmediata anterior, porque si hay algo que me ponga irracionalmente de mal humor es esperar en una fila mal formada, y peor si el que está detrás de mí se para casi a mi lado.

7. Debo ser la persona con peor suerte para las rifas, los sorteos, la lotería y los juegos de azar.

La tercera condición, entregar el premio a otros siete blogs, la dejo en espera.... los que se me ocurren ya han sido galardonados!

viernes, 17 de abril de 2009

Una leyenda de terror

Pasé varios años de mi infancia en Torreón, una ciudad del norte de México.

En aquel tiempo, había muchísimas casas en construcción, que nosotros aprovechábamos como patio de juegos: los cimientos eran trincheras, escondites los montones de grava y arena, etc.

Un velador trabajaba en esas obras, hombre ya viejo que afirmaba haber sido mayor en la División del Norte con la que peleó en muchas batallas de la Revolución Mexicana de 1910 bajo las órdenes de Pancho Villa. Le gustaba rodearse de niños para contarles historias de las batallas en las que participó (aunque frecuentemente cambiaba la narración y se iba convirtiendo en un protagonista cada vez más importante de tales hechos bélicos). Sus favoritas eran la Toma de Zacatecas y las batallas en el mismo Torreón, de las cuales siempre enfatizaba las matanzas de chinos y la historia de una vieja casona embrujada, que según él había quedado maldita después de una batalla por lo que allí había pasado.

Y a veces, contaba leyendas y cuentos. Imagine el lector que tiene ocho años de edad, y una noche está frente a una fogata escuchando una voz cascada recitando historias de terror...

Ésta es una leyenda del norte de México.

p.d. favor de bajar el volumen de las bocinas... es la primera grabación que me hago y quedó defectuosa.

leyenda de terror.mp3



segunda p. d.

parece que el servido de box.net tiene problemas, si no se activa la grabación, aquí está el texto

"No van al baile. Está muy cerrada la noche y algo les puede pasar en el camino".

Enojadas, sus dos hijas decidieron matarla, "al fin que vivimos tan lejos que nadie se dará cuenta", intrigaron las malvadas. Tras consumar su crimen, quedaron hambrientas, pero ya no había quién les cocinara. "Guisémosla, sirve de que nos ahorramos el trabajo de enterrarla", propuso la mayor: "hagamos pozole de oreja".
(Como todo el mundo sabe, el pozole más sabroso es el "pozole de oreja", al que se añaden orejas de puerco rebanadas para darle un sabor especial).

Tan horrendo fue el crimen, que cuando recorrían las veredas para llegar al pueblo, la tierra se abrió tragando sus cuerpos hasta el cuello. Su castigo: mientras no reciban el perdón materno, de día sus cabezas se convierten en piedras, pero por las noches se les permite retornar a la vida para suplicarle al ánima en pena de su madre, que aún camina las veredas preocupada porque no encuentra a sus hijas en casa.

Ellas ruegan implorando su perdón cuando pasa cerca. Y cada noche no las puede oír, porque no tiene orejas, ellas se las comieron...