De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

viernes, 3 de julio de 2009

amor entre espinas

Macho y hembra
sobre una acacia
generan vida

5 comentarios:

mi nombre es Alma dijo...

Y fuera de la acacia, también.

Saludos

Zarela dijo...

que hermoso es generar vida...me encantó este breve poema.

Ligia dijo...

El amor se hace más fuerte entre espinas... Abrazos

Karla Preciado dijo...

sensual dentro de su brevedad haikueska

Ricardo Guadalupe dijo...

Pues sin duda es un lugar bien elegido. Por un lado para la acacia, puesto que necesita riegos abundantes y mucho abono, y qué mejor que ser abonada con vida.

Y por otro lado para los amantes, puesto que parece que la acacia era tenida por los antiguos como una planta maravillosa por sus propiedades curativas y por su capacidad para ahuyentar la mala suerte.

Habrá que probarlo, con espinas y todo, je, je.

Un abrazo