De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Tonto es el que presta un libro...
y más tonto quien lo regresa

Lo confieso, lo soy por partida doble

Siempre regreso libros, discos (en su tiempo lp o casetes) y películas.
Sólo hay uno que no devolví (una joya, por cierto:
Obras completas de Antoine Saint Exupéry, impreso en papel biblia con pastas de cuero azul), y no porque quisiera quedarme con él. Lo pedí prestado a una pareja, ambos amigos míos. Mientras lo leía, ellos rompieron de manera por demás dolorosa. Como la dedicatoria y su respuesta en la portadilla les hubieran despertado recuerdos muy amargos, pues me quedé con él.

En cambio, nunca he podido superar la compulsión de prestar aquellos libros que por alguna razón decido que alguien debe leer o por querer compartir lo bien que me sentó algún título (a veces también un poquito por presumir algún descubrimiento).
Tantos de esos tomos no regresaron que abandoné la costumbre de anotar en mi "padrón de la ignominia"* a los deudores. Aunque no muchas veces logro reponer el título faltante, sigo recayendo en prestar literatura, textos académicos, cds, dvds... y prefiero considerarme precursor de "Libera un libro".

El aspecto positivo es que la explosión bibliográfica se mantiene controlada, pese a que sigo comprando más de lo que puedo leer y de repente me encuentro alteros de libros por toda la casa, cuando la idea original es que estuvieran todos juntos.

Y es que es fácil hacerse de libros, pero no de libreros, y menos cuando se vive en un clima que impone las maderas duras (ayacahuite como mínimo, pues el cedro está cada vez más caro) para evitar la polilla... lección que aprendí después de que fue arrasada una parte >Filosofía >Materialismo histórico. La plaga se detuvo con Mao Tse Tung, quizá fue demasiado denso aún para los gusanitos que devoraron con gusto el estante prefabricado junto con Marx, Engels y Lenin.


Con todo, sigue siendo un gran problema acomodar a los recién llegados. Se tienen que adaptar a la clasificación creada hace mucho, en su origen bastante racional pero ahora más complicada que la de El nombre de la rosa.
Con los académicos no hay tanto problema, se ordenan por disciplina y subdisciplina, aunque algunos temas, imponen su jerarquía, y así uno que debería ir con los de >Arte prehispanico, va a dar a >Tula o a >Estado de Guerrero.

Los de literatura, en cambio, sólo los localizo casi de memoria. Por ejemplo, los libros de ciencia ficción y literatura fantástica tienen su propio mueble, acomodados por orden alfabético según el apellido de su autor.
¿Pero quién me dijo que
La guerra de las salamandras emigrara desde >Literatura europea >Europa oriental >Checoslovaquia y esté entre cuentos de robots y naves espaciales? o que las novelas históricas de Úrsula K. Le Guin estén con sus compañeros de literatura fantástica y no en >Novela norteamericana? ¿Drácula debe quedarse en la sección de >Clásicos o fundar su propio apartado en >Literatura fantástica >Vampiros?, y La guerra del fin del mundo nunca dejará la >Latinoamericanos > V >Vargas Llosa, por más que la llamen sus compañeras desde >Novela histórica.

Por cierto fetichismo, no tiro a la basura ningún libro. Eso sí, nunca he dudado al mandar a alguno a los anaqueles más inaccesibles, una especie de limbo, la >Monstruoteca.


*
Padrón de la ignominia o de la infamia:
"Nota pública de infamia o desdoro que queda en la memoria por una mala acción." En algunos archivos virreinales se anotaba así el registro de nacimiento de los individuos con sangre africana.

5 comentarios:

Carmen María Hernández dijo...

Yo soy de las que doy prestados libros, me gusta compartir, pero ya me conozco mil y un formas de hacerlos volver.

Qué ganas de visitar tu biblioteca, y de paso la monstruoteca, tal vez alguno de esos libros desterrados se prende de mí.

Angela dijo...

Qué envidia! Si que tienes montones de libros. Ya desearía yo poderme comprar y leer tantos.
¡Saludos!

Rocío dijo...

Yo soy de las viejas amargadas, pero en lugar de muchos gatos hediondos tengo muchos libros (o a mí me parecen muchos, hay que ver).
Como buena vieja amargada, tengo un hermoso cartelito al lado de la biblioteca que dice algo muy parecido a lo que los negocios ponen en sus vidrieras acerca del fiado: "Hoy no presto libros, mañana sí".

Si presto un libro es porque te tengo muuuucha muuuucha confianza o porque no me gustó. Es decir, yo prestaría solo los de la "mounstruoteca".
Es difícil mantenerlos en sus secciones, es cierto. Creo que mientras duermo, se escabullen por la habitación intentando llegar hasta mí para vaya uno a saber qué intención indecente. Pero deben tardar mucho en desplazarse porque cuando me despierto, los vuelvo a poner en su lugar y parecen casi resignados y agotados por el esfuerzo tirado a la basura.

Saludos, colega!
Rocío.

lena dijo...

¡Estoy loca por tu blog! ¡Qué gran descubrimiento! ¡¡¡Te sigo!!!
Besazos.
Lena.

Pelusa dijo...

Toda biblioteca personal tiene un encanto insuperable. El "desorden ordenado" y el "limbo" son no más que ingredientes necesarios. Si no existen, entonces la biblioteca no está en uso, está muerta.
Pero si además, la biblioteca cuenta con una hamaca propia... eso ya es signo de puro disfrute. :)