De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

miércoles, 8 de febrero de 2012


“[…] ¿Es preciso traducir todas las palabras? En ocasiones, una palabra no traducida puede servir para recordarnos que el lenguaje no es significativo, que la inteligibilidad es sólo uno de sus elementos, una de sus funciones. La palabra no traducida carece de funcionalidad. Está ahí, simplemente. Por escrito es un conjunto de letras que, articuladas con mayor o menor acierto en la pronunciación, producen un complejo de fonemas un sonido más o menos musical e interesante, un ruido, un objeto. La palabra no traducida es como una roca, como un pedazo de madera. Su uso, su significado, no es racional, definido y limitado, sino concreto, potencial e infinito. En principio. Todas las palabras que decimos son términos no traducidos.”

Le Guin, Úrsula K.:
El eterno regreso a casa, Edhasa, Barcelona, 1989, p. 494

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