De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Una fantasía colectiva



Al igual que los flejes de acero sostiene la oscuridad en un barril, así la realidad rompía sin misericordia el azul con un eco doloroso, y clavaba una grieta tras otra en la bóveda celeste, construyendo un Vacío cada vez más grande, más ancho y más profundo. Si un recipiente colmado de oscuridad no se llena con algo, seguramente se rompe y entonces no hay estopa que pueda detener el derramamiento de la negrura. Por eso, en los barriles siempre hay que poner algo como medida de protección. Aún hoy en día, los vinicultores de la región de Mosela, después de vaciar un barril, suelen poner en él una baya grande de uva u otra cosa, para que la oscuridad no se imponga hasta la nueva vendimia. Como nosotros teníamos más fantasía que otras cosas, decidimos afrontar el Vacío con lo único que no nos escaseaba.

‒¿Con la fantasía? –pregunta Esther‒. ¿Qué es una fantasía?, ¿lo mismo que una ilusión?
‒No precisamente, la fantasía es algo que existe, pero a muchos les parece que no. Con la ilusión ocurre lo contrario, es aquello que no existe, pero muchos creen que sí …

"Una fantasía colectiva",
en Goran, Petrovic: Atlas descrito por el cielo,  
México, Sexto Piso, 2009, p. 216.

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