De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

sábado, 5 de enero de 2013

Los puentes de Königsberg



“Laura escucha pisadas en el portal. Por la mirilla ve que al otro lado está Floro, retirado un par de metros, las manos en los bolsillos. Luego de unos segundos él levanta la mano derecha, la cierra en un puño y hace en el aire el movimiento de golpear la puesta. Toc toc, dice Laura para sí, anda cobarde, tengo timbre. ¿Cuánto tiempo llevas ahí? Sólo por unos segundos le parece divertido espiar por la mirilla. Se da media vuela y se va a la cocina a lavar los trastes.

                Habrán pasado cinco minutos cuando se acciona el timbre. Laura se seca las manos y va a abrir.”



Toscana, David: Los puentes de Königsberg.
México, Alfaguara, 2009, p. 31.

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