De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

lunes, 8 de julio de 2013

"muero por dentro"

" [...] Ni siquiera en el apogeo de su fuerza, mi poder pudo penetrar en la conciencia de la Compañía Norteamericana de Teléfonos y Telégrafos. Suspirando, tras la quinta señal, levanto el auricular y oigo la dulce voz de contralto de mi hermana Judith.

- ¿Interrumpo algo? - Comienzo típico de Judith.
- Una tranquila noche en casa. Estoy haciendo un trabajo sobre La Odisea para un estudiante. ¿Tienes alguna idea brillante para mí, Jude?
- Hace dos semanas que no llamas.
- Estaba en bancarrota. Después de la escena de la última vez, no quería sacar a relucir el tema del dinero, y últimamente ha sido el único tema del que se me ocurre hablar, así que preferí no llamar.
- Tonterías - dice -, no estaba enfadada contigo.
- Parecías estar verdaderamente furiosa.
- No quise decir todo eso. ¿Por qué pensaste que hablaba en serio? ¿Sólo porque estaba gritando? ¿De verdad crees que te considero un... un... qué fue lo que te dije?
- Una sanguijuela inútil, creo.
- Una sanguijuela inútil. Tonterías. Esa noche estaba nerviosa, Duv; tenia problemas personales, y además estaba a punto de venirme el periodo. Perdí el control. Me limitaba a gritar las primeras estupideces que pasaban por mi cabeza, pero ¿por qué creíste que hablaba en serio? Precisamente tú deberías haber sabido que no lo decía en serio. ¿Desde cuándo le das un valor literal a lo que dice la gente cuando habla?
- También lo estabas diciendo con la cabeza, Jude.
- ¿De veras? - De repente, su voz suena sumisa y arrepentida -. ¿Estás seguro?
- Me llegó con fuerza y claridad.
- ¡Por Dios, Duv, compréndelo! En ese momento de acaloramiento pude haber estado pensando cualquier cosa. Pero debajo de la furia, debajo, Duv, tenías que haberte dado cuenta de que no hablaba en serio. Que te quiero, que no deseo alejarte de mi. Eres todo lo que tengo, Duv, tú y el niño.


Para mí, su amor tiene un gusto desagradable, y su sentimentalismo todavía me gusta menos. Le digo:
 

- Ya no leo mucho de lo que hay debajo, Jude. Últimamente me cuesta demasiado. Pero de todos modos no vale la pena discutirlo. Soy una sanguijuela inútil, y he tomado prestado más de lo que puedes darme. La oveja negra de tu hermano mayor siente demasiada culpa ya tal y como están las cosas. Que me maldigan si jamás vuelvo a pedirte dinero prestado.
- ¿Culpa? Tú hablas de culpa, cuando yo...
- No - le advierto -, no se te ocurra empezar ahora con eso de la culpa, Jude. Ahora no. - Su remordimiento por su antigua frialdad hacia mí tiene un sabor aún más desagradable que su amor reciente -. No tengo ganas de determinar la proporción de culpas esta noche. [...]"



Silverberg, Robert: Muero por dentro,
México, Roca (Súper Ciencia Ficción 104), 1987, pp. 29-30

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