De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

domingo, 28 de septiembre de 2014

La casa de los siete altillos, Nathaniel Hawthorne



« […] El autor, por consiguiente, casi no ha creído que valga la pena empalizar su relato con un especie de cerco de acero constituido por la moraleja –o, en otros términos, clavarlo con un alfiler como a una mapiposa– privándolo de vida y haciéndole asumir una postura tiesa, desgarbada, carente de naturalidad. Lo cierto es que una elevada verdad, primorosa y hábilmente elaborada, cuyo brillo aumenta sin cesar y que corona el desarrollo final de una obra de ficción, puede contribuir a su gloria artística, pero nunca es más verdadera, y rara vez mas obvia, en la última página que en la primera.
[… el autor] confía en que no habrá de creésele imperdonablemente nocivo por haber trazado una calle sin violar los derechos de nadie, ocupado una parcela sin propietario conocido y edificado una casa con materias que desde hace tiempo atrás se emplearan para construir castillos en el aire. […]»


Nataniel Hawthorne, “Prefacio” a La casa de los siete altillos.

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