De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

sábado, 19 de octubre de 2013



« […] Pero ello no nos habría parecido tan extraño si hubiésemos tenido presente que, contrariamente a todas las apariencias, los pingüinos son aves.

            No habríamos debido suponer que, porque sus textos se parecen al delfinés en la forma, el pingüinés debía parecerse al delfinés en el contenido. Y ciertamente no es así. Se da, desde luego, el mismo ingenio extraordinario, los destellos de loco humor, la inventiva, la gracia inimitable. En los miles de literaturas de los peces, sólo unas pocas muestran ciertos rasgos de humor, humor que suele ser de un tipo bastante simple y primitivo; y la soberbia gracia del tiburonés o del tarponés es del todo diferente de la gozosa vitalidad de todos los textos de los cetáceos. La alegría, la vitalidad y el humor son compartidos por los autores pingüinos, y también por muchos de los mejores auteurs focas. La temperatura de la sangre constituye un vínculo. Pero la estructura del cerebro y del útero representa una barrera. Los delfines no ponen huevos. Este hecho tan simple conlleva un mundo de diferencias.

            Hasta que el profesor Duby nos recordó que los pingüinos son aves, que no nadan sino que vuelan en el agua, no pudo el zoolingüista empezar a comprender la literatura marina del pingüino. Hasta entonces no se pudieron volver a estudiar y apreciar en todo su valor los kilómetros de textos ya filmados.

            Pero la dificultad de la traducción persiste. […] Ninguna versión verbal puede acercarse a la feliz interpretación de la señorita Serebryakova, pues es sencillamente imposible reproducir en palabas la importantísima multiplicidad del texto original, tan bellamente interpretado por el coro del Ballet de Leningrado. […] Nada que se exprese sólo en palabras puede ser completo.»

Le Guin, Úrsula K.
“La autora de las semillas de acacia y otros fragmentos de la Revista de la Asociación de Zoolingüística”,
en La rosa de los vientos, Edhasa, Barcelona, 1987, pp. 17-18.

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