De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

lunes, 5 de enero de 2015

La casa de los siete altillos



« […] Era un observador demasiado frío y sereno […] Los estudiaba atentamente, y no se le escapaba la menor circunstancia relacionada con las respectivas personalidades. Estaba dispuesto a hacerles todo el bien que pudiera; pero, al final de cuentas, nunca llegó a hacer causa común con ellos, ni les dio ninguna verdadera prueba de quererlos más a medida que los iba conociendo. En sus relaciones con ellos, parecía andar en busca de alimento mental, no de sustento para el corazón. […]»


Hawthorne, Nataniel: La casa de los siete altillos,
México, 1988 [1851], Eosa (Biblioteca 59), p. 205.

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