De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Madame Zilensky y el rey de Finlandia, Carson McCullers



« […] Y lentamente, al filo de la medianoche, llegó a comprendelo mejor. La razón de las mentiras de madame Zilensky era penosa y simple. Durante toda su vida, madame Zilensky había estado trabajando: en el piano, enseñando, y escribiendo aquellas doce hermosas e inmensas sinfonías. Día y noche se había afanado, luchando y colocando su alma en el trabajo y apenas quedaba nada de sí misma para otra cosa. Como ser humano, sufría de esta carencia y hacía lo que podía para subsanarla. Si se pasaba la noche inclinada sobre una mesa de trabajo de la biblioteca y luego afirmaba que había estado jugando a las cartas, era como si hubiese conseguido hacer ambas cosas. Por medio de las mentiras vivía lo que experimentaban los demás. Las mentiras duplicaban los momentos de su existencia que quedaban libres del trabajo y alargaban el pequeño harapo que era su vida personal.»


McCullers, Carson: “Madame Zilensky y el rey de Finlandia”,
en La balada del café triste, Barcelona,
Bruguera (Libro amigo 150), 1982, p. 137.

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