De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

lunes, 16 de febrero de 2015

Martin Eden, de Jack London



«--Mis intenciones no podían ser mejores –contestó ella--. Lo sabes muy bien, no habría sido posible que yo te amara y no me viese animada de buenos propósitos.
--Es cierto. Pero, si yo te hubiese hecho caso, esos buenos propósitos habrían acabado conmigo. […] Habrías destruido mi obra y mi carrera. El realismo es algo imperativo en mi naturaleza y el espíritu burgués lo odia, porque, en definitiva, es cobarde y se asusta de la vida. Tú llevabas a cabo toda clase esfuerzos para infundirme ese mismo temor por la vida. Me habías convertido en un hombre normal, comprimiéndome hasta ser un individuo vulgar, cuyas acciones de la vida son irreales, falsas y corrientes. […] La vulgaridad es, sin duda alguna, la base del refinamiento y de la cultura de los burgueses. Como antes decía, quisiste convertime en un hombre normal y parecido a uno de los de tu propia clase, animado por los ideales, los valores y prejuicios que le son propios. […]»


London, Jack: Martin Eden,
Barcelona, Orbis (Grandes novelas de aventuras 18), 1985 [1909], p. 209.

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