De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

martes, 28 de enero de 2014



«          –Es raro, ¿no? –dijo–. Que alguien que practica kendo escuche rock. No sé, es que las dos cosas dan una imagen tan distinta.

            –En kendo, cuando le das un golpe en la careta al contrario, te sientes bien. Te quedas como muy relajado. Y lo mismo te pasa cuando escuchas rock, ¿sabes?

            –¿Y tú no te sientes bien siempre?

            –¿Tú sí?

            –Es que yo eso de sentirse bien no lo acabo de entender.

            Lo cierto es que yo tampoco. »


Katayama, Kyoichi:
Un grito de amor desde el centro del mundo,
México, Alfaguara, 2013, p. 17.

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