De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

viernes, 25 de abril de 2014



"[...] Los números de las dos coincidían. La conexión se cerraba.
            «¡Esto se ha puesto complicado, querido Watson!», le dije al cenicero que había en la mesa. El cenicero, evidentemente, no me contestó.
            Es inteligente, me dije, sabe que es mejor no meterse en líos. Todos son muy listos: el cenicero, la taza del café, el azucarero, la cuenta. Ninguno abre la boca. Se hacen los locos. Estúpido de mí, siempre me meto en problemas, siempre acabo agotado. Y encima, no tengo ninguna perspectiva de cita en esta preciosa noche de primavera."


Murakami, Haruki: Baila, baila, baila,
México, Tusquets editores (Andanzas 786), 2012, p. 345.

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