De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

lunes, 31 de agosto de 2015

La memoria del amor, Aminatta Forna



« […] A medida que se acercan algunos pacientes empiezan a agitarse. Ileana se detiene frente a una cama alta de hierro y lo mismo hace Adrian. En la cama un hombre acostado de lado, su cabeza descansando sobre una almohada sin funda.



–Hola, John, ¿cómo estás?



Al oír su voz, el hombre se arrastra para darse la vuelta y ponerse de cara a ellos.



–Estoy bien, doctora  responde y empieza a incorporarse lentamente–. ¿Cómo está usted?

–Bien, gracias, John. Hoy he venido con alguien. Otro médico, de Inglaterra. Le gustaría conocer cosas sobre nosotros.



El hombre de la cama vuelve la cabeza para poder ver a Adrian, al mismo tiempo que consigue sentarse. Hay un sonido intermitente de roce de metal sobre metal. El ruido suena tremendo en el silencio de la sala. Cuando se ha enderezado, el hombre extiende las manos y el ruido se inicia de nuevo, como de algo que se desovilla. Por algún motivo le hace pensar a Adrian en barcos. Baja la vista hacia las manos del hombre: muñecas envueltas en trapos, esposas metálicas, manos unidas en señal de saludo. El sonido se detiene de pronto, dejando en el aire un débil zumbido, cuando el hombre de la cama deja a la vista toda la longitud de sus cadenas.»


Forna, Aminatta: La memoria del amor,
México, Alfaguara, 2010, p. 106.

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