De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

lunes, 25 de enero de 2016

Gogol, siempre Gogol (Las almas muertas)



«—Me da envidia oírle—dijo el visitante.—Enséñeme a divertirme como lo hace usted.
—¿Por qué estar aburrido? ¡Caramba¡—respondió el caballero gordo.
—¿Por qué estar aburrido? Porque la vida es aburrida.
—No come usted lo bastante, eso es todo. Debía probar el efecto de una comida adecuada. Es una nueva moda que han inventado, eso de aburrirse; en otros tiempos, nadie se aburría.
—¡Basta de jactancias! ¿Quiere usted decirme que nunca se ha sentido aburrido?
—¡Nunca en mi vida! No sé cómo es, pues yo no tengo tiempo para aburrirme. Uno se despierta por la mañana: se ha de tomar el té, ¿sabe?, y luego hay que hablar con el administrador; después voy a pescar y ya es hora de comer; después de la comida, apenas si le queda a uno un rato para la siesta cuando viene la cena, y luego sube el cocinero y tengo que darle órdenes para la comida del día siguiente. ¿Qué tiempo me queda para aburrirme?»


Gogol, Nicolás: Las almas muertas,
Libro II, Cap. 3

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