De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

domingo, 12 de enero de 2014

«[...] Rossella tiene un sobresalto todas las veces que los faros de un coche iluminan la casa blanca al otro lado de la carretera. Sabe que desde aquel punto son invisibles, tapados como están por la fila de cipreses, pero eso no la tranquiilza. Tiene prisa por sentirlo correrse. Las medias se han desgarrado.
Me has desgarrado las medias, dice, al tiempo que lo estrecha como si fuera el palo de la cucaña.
Lo habías prometido, susurra él con voz estrangulada.
Lo habías prometido: ni medias ni bragas.
Está entregado a su afán como un niño a un dibujo. Traza líneas claras bajo la ropa de ella. Líneas que van de las axilas a los costados, a los glúteos. Y tiene las manos ardientes.

Rosella cierra los ojos. [...]»


Fois, Marcello: GAP,  Madrid, Espasa (Narrativa), 2001, p. 19.

sábado, 11 de enero de 2014

regresando a la infancia

De niño (aún me acuerdo) me gustaban mucho los sacapuntas que hacían "esculturitas" en la punta de los lápices, ¡y acabo de descubrir que tengo uno!

Recuento autobiográfico:

Después de la preparatoria me habitué a escribir con portaminas porque me sudaban las manos y al sacar punta hacía un batidero... Los lápices pasaron al cajón de los recuerdos, porque hasta para mi chamba de editor usaba minas de colores. Y ahorita no encontré un bendito portaminas en toda la casa, jeje

martes, 31 de diciembre de 2013

y esto es lo que pasa...

... cuando hay mal tiempo en plena temporada alta de un destino turístico... de un país donde a la gente le gusta leer.

« [...] Las gotas de lluvia formaban miles de cercos sobre las olas.
La principal librería del pueblo estaba abarrotada. Era de esperar que, con el día que hacía, los veraneantes acabaran comprando algo para leer. [...]» *


¿Adivinaron dónde?, pues en un "apacible pueblecito costero en la península de Izu, que vive de la pesca y el turismo, cerca de Tokio".

y en ese pueblecito ¡hay librerías!


* Yoshimoto, Banana:
Tsugumi, México, 2008, Tusquets editores (Andanzas 653), p. 85.

sábado, 28 de diciembre de 2013



«[…] No, no fue así. La verdad es que íbamos muy contentas, riéndonos y diciendo bobadas. Pero aunque entonces creyera que me divertía, ahora, al rememorar aquel momento, sólo me vienen a la mente imágenes lúgubres, como la oscura noche o las tenebrosas sombras que proyectaban los postes del teléfono y las papeleras. Así recuerdo aquella noche.»


Yoshimoto, Banana: Tsugumi,
México, Tusquets editores (Andanzas 653), 2008, p. 34.

viernes, 20 de diciembre de 2013

« [...] yo contesto que no se puede expresar en palabras lo que nunca estuvo en palabras. Uno puede probar sólo con aproximaciones, y el mejor esfuerzo no puede sino distorsionar la verdad, hacerla más burda. Pues debo transformar percepciones en palabras y anotarlas tal y como mis habilidades me lo permiten, y después debes recoger mis palabras escritas y traducirlas al sistema de percepciones que tu mente habitualmente usa, y en cada etapa de esta transmisión se diluye un nivel de densidad hasta que sólo queda la sombra de lo que realmente sucedió [...] »

Silverberg, Robert: Tiempo de cambios
México, Roca (Súper Ciencia Ficción), 1988, p. 150.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Mueve las toallas
el viento que entra
por la ventana.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Correr del tiempo.
La vieja cicatriz
se desvanece.

martes, 26 de noviembre de 2013

En silencio
se diluyen las luces
del atardecer.

domingo, 24 de noviembre de 2013

testimonios de escritor...

Robert Silverberg, en la introducción a su obra Tiempo de Cambios [1971]:

"« [...] Rompí a sudar y me pregunté cómo podría llegar al otro extremo de mi libro con mi juicio razonablemente intacto. Entonces respiré hondo, me dije a mí mismo que no estaba escribiendo mi libro como un ejercicio acrobático ni como ninguna penitencia, y volví al trabajo. Y, por fin, terminé la novela, que se publicó y ganó un premio Nebula como el mejor libro de ciencia ficción en 1971, y viví felizmente desde entonces para siempre, y nunca volvi a exigirme otra vez un ejercicio parecido. »

Silverberg, Robert: "Introducción" a Tiempo de Cambios. México, Ediciones Roca (superficción - segunda época), p. 9.

sábado, 23 de noviembre de 2013

No suelo...

... ventilar los problemas del mundo en este blog, con todo lo grotesco que pueden ser, pero esto se me hizo demasiado para pasarlo por alto: Contrabando de colibríes:

viernes, 22 de noviembre de 2013

Suelo caliente.
Un gusano medidor
busca la sombra
.

jueves, 21 de noviembre de 2013

"Me siento como un pintor que, tras haber pasado años para lograr dominar determinados pinceles, ha puesto fin a todos los pinceles. Un pintor que, en su esfuerzo por acercase a la luz, ha arrojado sus pinceles al fuego para avivar la luz de las llamas. No me queda más que pintar con las manos."

Nepo, Mark: Siete mil maneras de escuchar, México, Aguilar, 2013, p. 11.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Paz

Vamos hacia los árboles... el sueño
Se hará en nosotros por virtud celeste.
Vamos hacia los árboles; la noche
Nos será blanda, la tristeza leve.

Vamos hacia los árboles, el alma
Adormecida de perfume agreste.
Pero calla, no hables, sé piadoso;
No despiertes los pájaros que duermen.
 
Alfonsina Storni

jueves, 14 de noviembre de 2013

Cuando falla la gravedad

« [...] Te da la sensación de estar metido en el sueño de otro, no te sientes real. Te dices: «Esto no me está ocurriendo de verdad, me ha sucedido hace muchos años y sólo lo estoy recordando». A los pocos segundos, te das cuenta de que lo estás viviendo, que te encuentras aquí y ahora, y el desconcierto inicia un círculo de angustia y un sentimiento de irrealidad cada vez mayor. Algunas veces no estás seguro de dónde tienes los brazos y las piernas. Te sientes como si alguien te hubiera esculpido en un trozo de madera por la noche, y que si te portas bien, un día llegarás a ser un muchacho de verdad. «Pensamiento» y «movimiento» son conceptos desconocidos porque son atributos de los vivos. [...]»

Effinger, George Alec:
Cuando falla la gravedad
Madrif, Martínez Roca, 1989.

martes, 12 de noviembre de 2013

Crepúsculo gris.
Nacen en su silencio
risas de niños.