De "El canto del pájaro", Anthony de Mello

El discípulo se quejaba constantemente a su maestro:

«No haces más que ocultarme

el secreto último del Zen».

Y se resistía a creer sus negativas.

Un día, el Maestro lo llevó a pasear por el monte.
Mientras andaban, oyeron cantar a un pájaro.


«¿Has oído el canto de ese pájaro?»,
le preguntó el Maestro.

«Sí», respondió el discípulo.
«Bien; ahora ya sabes que
no te he estado ocultando nada».

«Sí», asintió el discípulo.

viernes, 20 de febrero de 2009

Cautela

cuatro gorriones
desde ramas distintas
miran al gato

miércoles, 11 de febrero de 2009

Crisis

No hay quien compre
bellas artesanías
del ambulante

viernes, 30 de enero de 2009

Primer Aniversario!

El rincón amansalocos cumple un año
Agradezco a todos los visitantes, asiduos y ocasionales, el tiempo que dedican a leer mis textitos
y para, ahora sí, postear algo de valor, les comparto las siguientes líneas, que una autora muy cercana a este blog envió para celebrar el primer aniversario:

Red de letras
lírico encanto
amansa los locos

jueves, 29 de enero de 2009

cometa...

vuelo frustrado
cometa prisionero
en el alambre

viernes, 19 de diciembre de 2008

Anoche soñé que escribía un haiku

Anoche soñé que escribía un haiku, un bello haiku sobre la nostalgia. Mientras lo componía cambiaba mi visión del mundo, descorriéndose un velo para acceder a una realidad sin distinción entre sujeto (yo) y objeto (el mundo), una dimensión donde no existe la barrera entre uno mismo y el resto de la creación.
Fue un sueño hermoso.
Y al despertar, no recordé ni una línea.

No es la primera vez que me sueño creando buena poesía que se pierda al llegar la vigilia, y ya he tenido experiencias de ésas que según los místicos son la antesala de la iluminación. Dos olvidos son los más dolorosos, en uno de ellos sabía una canción que, al cantarla podía uno volar. Y dos veces me he integrado por minutos con el entorno: una cuando tenía diecisiete flotando en un arroyo tropical, y otra en que sentí ser una hoja de la gran ceiba de la zona arqueológica maya de Yaxchilán.

En la mañana, aparte la frustración, me afloraron algunas certezas sobre mi relación con las artes: la música, la literatura, el cine y la fotografía. La más terrible es que díficilmente podré salir de mi papel de consumidor en vez de creador. Me deleita escuchar música por horas, aunque sepa que difícilmente pueda componer dos notas seguidas o interpretarlas con algún instrumento (ya no se diga cantarla o bailarla, por no hablar de intentar dibujar algo: cuando fui con Diosito para que me asignara mi cuota de talento artístico, me dio un vale para mi próxima encarnación).

Siempre he sido un lector voraz y poco selectivo que no cree en los "géneros menores". Me fascinan las obras que presenten una propuesta novedosa, y que lo hagan de forma que uno quede enganchado con pocas frases como las que Rosa Montero inicia Historia del rey transparente:
«Soy mujer, y escribo. Soy plebeya, y se leer. Nací sierva, y soy libre...».

Suelo estar leyendo varios libros, revistas y blogs al mismo tiempo, y puedo brincar sin ningún remordimiento entre un best seller y Jorge Luis Borges o Saramango. Detesto vestirme de exégeta y buscar contradicciones o faltas de coherencia en la literatura fantastica y por eso no me avergüenza confesar que me gusta Harry Potter y Crepúsculo, o que leo con frecuencia libros de autoayuda tipo Deprak Chopra y el blog de Coelho.

Tengo, eso sí, preferencias muy definidas: Leo mucho más prosa que poesía (y si un poema no me atrapa en las primeras dos líneas, lo dejo de lado); me encanta la literatura italiana contemporánea, la ciencia ficción, Vargas Llosa más que García Márquez, más novela histórica que romántica y detesto a los escritores pedantes, los que enredan el discurso, los falsos poetas y, sobre todo, cualquier pretensión dogmática.

Rara vez critico o analizo lo leído, me quedo en el nivel de "me gusta" o "no me gusta". Lo mismo hago con otra de mis pasiones, el cine, porque además me fastidian los sabihondos que se regodean deshaciendo una obra atacándola con palabrejas como "la mímesis" ("pues qué mámones", pienso siempre). Pero eso sí, busco que lo que leo esté limpio y sin errores ortográficos (uno de los problemas de dedicarse a editar textos es que las erratas "brincan" y le arruinan a uno la lectura).

¿Y cómo es que algo me atraiga? Hay dos aspectos: la forma de escribir y el tema.

En el aspecto temático busco cualquier propuesta que presente un desafío a la imaginación, que explore un aspecto potencialmente mágico de la realidad cotidiana, o le den un tratamiento singular a los grandes temas universales, y más si esto no es evidente.
Por ejemplo, hasta hace poco comprendí por qué estoy tan absorto en la lectura de Los hijos de Aesir una novela en entregas quincenales. Su autora, Ángela Arias, ha sabido crear dentro de una atmósfera fantástica un entorno para que sus bien delineados personajes representen los grandes desafíos de la lealtad, la busqueda de sí mismos, la libertad, etcétera. Pero sobre todo, un tema cada vez de mayor actualidad: cómo prosperar y sobrevivir en un entorno completamente distinto para el que uno se ha preparado toda la vida, cómo adaptarse a ser quien no se supone que uno iba a ser, cuando se rompen los valores y las expectativas que se habían asumido como firmes e inamovibles, cuando ya no son válidas las premisas en las que fue uno educado.

En cuanto a la forma de escribir, comulgo con este diálogo que leí en un libro infantil La caseta mágica:

«No sabía que las palabras fueran tan complicadas»,
dijo el niño.

«Sólo lo son si usas muchas para decir poco»,
respondió el perro
.


En una entrevista, le preguntaron a Juan José Arreola cómo sabía si un libro era bueno o no. Respondió diciendo que era bueno si lograba que el lector se identificara tanto que pudiera exclamar: "Esto lo pude haber escrito yo". Pues a mí me gustaría escribir como esos autores que con tan pocas palabras dicen tanto, convierten cada frase en un pequeño cosmos, como en este pequeño párrafo de Borges:

«Ante la muerte de un amigo, compruebo que lo recuerdo con intensidad, pero que los hechos o anécdotas que me es dado comunicar son muy pocos [...] su imagen, que es incomunicable, perdura en mí y seguirá mejorándome y ayudándome. Esta pobreza de hechos y esta riqueza de gravitación personal corrobora tal vez lo que ya se dijo sobre lo secundario de las palabras y sobre el inmediato magisterio de una presencia.»

Mi favorito en ese aspecto es El tiempo de la noche, de William Sloane, una obra que cabalga entre la ciencia ficción y la novela policiaca. Cada uno de sus párrafos, en manos de un escritor poco talentoso, se convertiría en una o dos páginas. Y ése es el aspecto que más me atrae de los libros de Stepahie Mayer, pues en Crepúsculo logra transmitir una serie de sentimiento y vivencias muy profundos con pocas palabras, sin trucos, sin palabras rimbombantes.

Por eso escribo poco, en parte porque durante mucho tiempo me habitué a trabajar sobre textos de alguien más, a veces muy malos, pero que ya estaban hechos, a los que se podía rehacer de nuevo, tardarse a veces días con los dos o tres párrafos iniciales hasta que adquirieran una estructura coherente y leíble, pero que no presentaban el problema de la "página en blanco". En cambio, cuando son mis propios escritos "me queman las manos" antes de subirlos a la red, a sabiendas de que les falta un mundo de trabajo.

Otro obstáculo es un cierto fetichismo por la labor del escritor, uno se intimida al querer alternar entre los grandes. Así, como no sea escribir algo por compulsión, por una urgencia inmediata, se vuelve una penosa tarea para la que no se cree estar preparado hasta que uno pueda hacer lo que Maquiavelo:

«Llegada la noche, vuelvo a casa y entro en mi cuarto de trabajo. A la puerta me despojo de las ropas rústicas, llenas de fango y de lodo; me pongo ropas limpias y de etiqueta, y así, decentemente vestido, penetro en las antiguas cortes de los hombres antiguos. Acogido por ellos con amor, me nutro con ese alimento, el único que me conviene y para el que he nacido.»

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El celular de Hansel y Gretel

para reflexionar...

El móvil de Hansel y Gretel
Hernán Casciari

(Periodista argentino que escribe en El País de España)

Anoche le contaba a la niña un cuento infantil muy famoso, el Hansel y Gretel de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: 'No importa. Que lo llamen al papá por el móvil'.
Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura —toda ella, en general— si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años. Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.
Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.
Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace.
¿Ya está?
Muy bien. Ahora ponga un teléfono móvil en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.
¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo?
La Niña, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las nuevas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor.
Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate. Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.
Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam.
Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.
Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.
Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.
Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.
Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa. La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler.)
Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:

M HGO LA MUERTA,
PERO NO STOY MUERTA.
NO T PRCUPES NI
HGAS IDIOTCES. BSO.

Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción 'Banda ancha móvil' de Movistar.
Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados. La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría 'Cien años sin conexión': narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el messenger.
La famosa novela de James M. Cain —El cartero llama dos veces— escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría 'El gmail me duplica los correos entrantes' y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.
Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, 'Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura', la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo.
En la obra 'El jotapegé de Dorian Grey', Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta Images de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición. La bruja del clásico Blancanieves no consultaría todas las noches al espejo sobre 'quién es la mujer más bella del mundo', porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90€ la conexión y 0,60€ el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.
También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi.
Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.
Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa.
La telefonía inalámbrica —vino a decirme anoche la Nina, sin querer—nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante.Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.
Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?
No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador. ¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.
Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan. Nuestras tramas están perdiendo el brillo —las escritas, las vividas, incluso las imaginadas— porque nos hemos convertido en héroes perezosos.

lunes, 15 de diciembre de 2008

El día en que la tierra se detuvo
(o de cuando los avances son lo mejor de la película)

¿No les ha pasado muchas veces que los avances de una película inspiran grandes expectativas que el filme completo no alcanza a llenar?

A mí me pasó recientemente con Minotauro que , por primera vez en aaaaaaños, me salí a mitad del filme.
El día en que la tierra se detuvo no es tan mala como para llegar a eso, pero sí es una película más bien decepcionante. A su favor tiene buenas actuaciones, sobre todo las de J
ennifer Connely y el niño, interpretado por el hijo de Will Smith, así como de varios actores de apoyo, en especial el de la secretaria de Estado y los militares, a quienes de veras termina uno odiando por ser tan cortos de miras. Curiosamente, otro de los méritos de la película, una dirección artística que logró crear un ambiente tan tétrico y lúgubre, contribuye a que la película se sienta lenta y aburrida.
En contra, que es una muy mal armada copia con retazos de Contacto, La guerra de los mundos y un poco El día de la independencia, con muchos elementos milenaristas; baste decir que lo que en Contacto lleva una escena (ésa donde el extraterrestre le dice a Jodie Foster que "la humanidad es fascinante, capaz de los sueños más sublimes, pero también de las peores pesadillas") acá les lleva más de la mitad del filme, y no terminaron de redondear la idea.

El argumento gira sobre la idea de que por el uso y abuso de nuestro planeta ("uno de los pocos capaces de soportar el milagro de la vida") los humanos debemos ser castigados, con toda la connotación judeo-cristiana del término "castigo", como si no tuviéramos ya bastante, en términos del mismo filme, con depender de las reacciones de un grupo de halcones prestos a apretar el gatillo... y a expensas también de una supuesta civilización superior tan poco hábil como para no percatarse de la diversidad humana y aterrizar, cómo no, en Nueva York.

Por si fuera poco, el filme desaprovecha un argumento que hubiera podido ser central: ¿quiénes merecían estar como representantes de la humanidad en esas nuevas arcas? ¿Los científicos?, ¿los artistas?, ¿los genéticamente más aptos?, ¿los limpios de corazón?, ¿los limpios de culpa? (que encontrarlos estaría difícil, dejando de lado los chistes sacrílegos sobre Jesús y María Magdalena, pues los pecados por omisión serían mucho más frecuentes... si yo un día no abro mi negocio a tiempo, y por eso un niño no terminó la tarea y lo expulsan y por efecto mariposa termina siendo un asesino serial, ¿me contaría en mi balance negativo...?).

Otro elemento desfavorable es que el filme terminó siendo una ensalada de géneros y nunca se definió por ninguno: ni es un filme de suspenso, ni de acción, ni brillan los efectos especiales, ni es intimista, ni nada. Lástima por un filme que tenía todo para llenar la temporada.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Jorge Debravo: Poeta

Acabo de conocer a este Poeta (así, con mayúscula) nacido en Costa Rica, pero ser humano por vocación intrínseca, defensor de los mejores valores humanos: el amor, la libertad y la paz.
Poesía poderosa, sin adornos. Poesía cabal y descarnada. Selecciono dos de ellos: "Canción Satisfactoria" y "Desvestido"

CANCIÓN SATISFACTORIA

Qué bien tu amor aquí para que ladre
y asuste a los leones de la muerte!
Qué bien tu amor velando como un padre
este miedo que tengo de perderte!

Qué bien tu amor manando a mediodía
una savia fresquísima y amada!
Qué bien despedazando la agonía
y poniendo esperanzas en la almohada!

Qué bien que esté allá lejos, madurando
como un durazno blando de ternura!
Qué bien cuando está cerca, despuntando

como un trozo de Dios, de la amargura.
Qué bien en la mañana, despertando
como un Resucitado de ternura...!



DESVESTIDO

La noche, deseosa, apenumbrada,
te quitó sin pensar las zapatillas...
y -por sentirse blanca y alumbrada-
desnudó blancamente tus rodillas.

Luego -por diversión, sin decir nada-
la noche se llevó tu blusa larga
y te arrancó la falda ensimismada
como una cosa tímida y amarga.

Después te colocaste travesura:
desnudaste tus pechos por ternura
y -hablando de un amor vago, inconexo-

Porque si y porque no, a medio reproche,
desnudaste también, entre la noche,
la noche pequeñita de tu sexo.


jueves, 6 de noviembre de 2008

Efialtes, el demonio de las pesadillas

Al despertar, lo primero que se me vino a la mente fue uno de los ensayos de Borges que comprenden el libro Siete noches, el segundo: “La pesadilla”, donde aborda la experiencia onírica. Retomo algunos párrafos:

“del asombroso, extraño arte de soñar... si pensamos que el sueño es una obra de ficción (yo creo que lo es), posiblemente sigamos fabulando en el momento de despertarnos y cuando, después, los contamos....”

Borges narra que en una de sus pesadillas se encuentra con un amigo, al que ve muy alicaído, triste, y aprovecha para explicar cuán complicado puede ser el proceso mental que genera un sueño:

“«Pero, mi pobre fulano, ¿qué te ha pasado? ¡Qué cambiado estás!» Me respondió: «Sí que estoy muy cambiado». Lentamente fue sacando la mano. Pude ver que era la garra de un pájaro… Lo extraño es que desde el principio el hombre tenía la mano escondida. Sin saberlo, yo había preparado esa invención: que el hombre tuviera una garra de pájaro y que viera lo terrible del cambio, lo terrible de su desdicha ya que estaba convirtiéndose en pájaro.”

Está de más decir tuve un sueño peculiar, mucho más que aquellos en los que me he visto como artillero de la Armada Invencible, como oficial austriaco en las guerras napoleónicas o como guardia del presidente Juárez en plena huida ante la llegada de las tropas de la intervención francesa, (puro perdedor, si ésas son imágenes de mis vidas pasadas, definitivamente en ésta me tocó una vida sabática).

No intentaré transcribir los sentimientos de mi sueño, solo describiré el tema: Me encarcelaban por arrancar hojas de un libro de la biblioteca, y a pesar de haber sido condenado a dos días de prisión, llevaba más de cinco en esa celda sin cama para mí, entre ratas y alacranes peludos. Curiosamente (detalle del que me percaté mucho después de despertar) uno de los internos de la celda poseía muchos libros y me invitaba a leer los que quisiera… aún sabiendo que estaba preso por atentar contra UN libro.

Hay varias cosas extrañas en mi sueño: en mi vida he pisado una cárcel, ni siquiera como visitante, y no me he parado en una biblioteca en los últimos cinco años. Pero, sobre todo, en mi vida se me hubiera ocurrido cometer tal atrocidad (quizá me hubiera robado un libro completo, pero ésa es otra historia). Y a pesar de que he dedicado varios años de mi vida al proceso de editar libros, a los que considero más que simples objetos, nunca desarrollé el fetichismo que muchos padecen cuando de libros se trata (quizá porque leí a tiempo “Auto de fe”, de Elias Canetti).

Curioso es el mundo de los sueños, lo bueno es que aproveché para releer y volver a disfrutar a Borges.

domingo, 19 de octubre de 2008

Cuando dos

"Es ternura lo que se halla en la intención de la mirada cuando dos no juegan a vencerse..."

Ésta es la mejor definición que conozco sobre el amor y la mejor guía de cómo deben ser las relaciones de pareja.

Por años estuve buscando el nombre de la pieza, la letra o el grupo, cada cuando entraba al templo de san Google infructuosamente, hasta que alguien muy amable respondió a mi inquietud...

los dejo escucharla, y de seguro estarán de acuerdo conmigo

Grupo On'ta

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lunes, 29 de septiembre de 2008

Miscélanea de conocimientos inútiles...

1. Los neanderthales eran pelirrojos

2. El primer perro rastreador de excrementos de ballena en el mundo se llama "Fargo" y puede olfatear su cometido desde una distancia de dos kilómetros.
(Corolario: del dato anterior, se puede inferir otro aún más inútil, los excrementos de ballena !flotan!)


3. Existe la palabra "Eutrapelia" y no es otra cosa más que "
la virtud que nos ubica en el justo medio entre el espíritu de relajación lúdica y el exceso en la seriedad" o, en palabras simples: la virtud que modera el exceso en la diversión.


viernes, 19 de septiembre de 2008

Guitarra...

Guitarra
Nicolás Guillén

Fueron a cazar guitarras
bajo la luna llena.
Y trajeron ésta,
pálida, fina, esbelta,
ojos de inagotable mulata,
cintura de abierta madera.

Es joven, apenas vuela.
Pero ya canta
cuando oye en otras jaulas
aletear sones y coplas.
Los sonesombres y las coplasolas.
Hay en su jaula esta inscripción:

”Cuidado: sueña”.

martes, 9 de septiembre de 2008

Del Primer Congreso de Anáhuac

5. Que la soberanía dimana inmediatamente del pueblo...

12. Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deber ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto.

Generalísimo José María Morelos y Pavón
Sentimientos de la Nación
Chilpancingo, 13 de septiembre de 1813

lunes, 18 de agosto de 2008

Faltaba Alberti :(

HACE FALTA ESTAR CIEGO, Rafael Alberti

Hace falta estar ciego,
tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio,
cal viva,
arena hirviendo,
para no ver la luz que salta en nuestros actos,
que ilumina por dentro nuestra lengua,
nuestra diaria palabra.

Hace falta querer morir sin estela de gloria y alegría,
sin participación de los himnos futuros,
sin recuerdo en los hombres que juzguen el pasado sombrío de la tierra.

Hace falta querer ya en vida ser pasado,

obstáculo sangriento,
cosa muerta,
seco olvido.


SI MI VOZ MURIERA EN TIERRA

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento una vela!

miércoles, 13 de agosto de 2008

El espantapájaros...